miércoles, 19 de agosto de 2009

Ocho días así

He recibido un regalo subliminal de mi papá: una cama matrimonial, enorme. Mi ex me regaló un cachorro y un beso, solo acepté lo último. He rebajado cuatro libras. No he desayunado.

Le he hecho muecas a un mimo para explicarle que yo tampoco tenía dinero. Me despierto a las dos madrugada con el sonido de un mensaje de texto jamás enviado. He dormido varias noches en una cama que no es esta, la matrimonial. En lugar del mar he ido a un bar. Entrevisté a cura-exorcista-español. Pagué por nadar en una piscina pública. Me he emborrachado con cuatro tragos. He vuelto a fumar. Me he comido tres pupusas de una sentada. He mandado a enmarcar la firma de Claudia Lars.

Me he desvelado escribiendo para el periódico. Mi carro se ha vuelto tren, de aseo. He manejado en círculos y tríangulos.
Corté con quien estaba saliendo. Me corté el pelo. Quise andar en bicicleta pero la llanta de adelante se safó. Me han presentado a alguien nuevo, no me gusta. Me ha costado decidir qué calzoncillo ponerme. Me he puesto a llorar de solo leer el título de la nueva película de Cameron Díaz.

Me he acostado a las cuatro de la madrugada husmeando qué hay en You Tube y tratando de bailar como Natalie Imbruglia. He averiguado sobre compatibilidad astrológica y cartas astrales. He leído dos revistas y nueve periódicos. He ido a un "anti-recital" y no he entendido nada. Discutí con una alemana-guatemaleta neonazi, por el messenger. Un amigo me ha invitado a Citalá, le dije que no. Una compañera me ofreció un frozen capuccino, pero tampoco he querido. He sentido calor y dolor de cabeza. Me he sentido cansado...

miércoles, 22 de julio de 2009

María Félix de paso por San Salvador

En 1952, La Prensa Gráfica fotografió a María Félix en San Salvador, sí, aquí.

Fue en un lluvioso sábado 30 de agosto. Un avión, que cubría el largo trayecto desde Buenos Aires a Ciudad de México, descendió al aeropuerto de Ilopango en San Salvador. Según la nota, mientras el avión era revisado, María Félix tuvo que ser llevada a una sala especial de migración, porque un remolino de fanáticos la quería tocar para corroborar que no era un semidiós. Ella lamentó su breve estancia en El Salvador, dijo que era algo más casual que planeado. Era la primera -y última- vez que se le vio pasar por acá, entre Apulo y el cerro de San Jacinto.

La diva mexicana viajaba con su joven hijo, Enrique Álvarez Félix; y tres secretarias: Julia Aleu, Esperanza Gómez e Isabel Barrera. Según el amarillento periódico, para entonces María Félix residía en Argentina, era amiga íntima de Evita Perón. Ese año filmó, en Buenos Aires, una película llamada La Pasión Desnuda. Además estaba comprometida con un actor argentino, un tal Carlos Thompson, a quien dejó el mero día de la boda, es mi heroína. Para octubre de 1952, María Félix estaba feliz y casada con Jorge Negrete, el cantante de la mítica ranchera "México lindo y querido".



María Félix estuvo menos de treinta minutos en San Salvador. Tiempo suficiente para ocupar portada de periódico y fotos en la sección nacional, y ahora, casi 57 años después, en este blog. Como dice el periodista mexicano Carlos Monsiváis: "Todo lo que se dice de María Félix es creído y creíble porque lo primordial es seguir mencionándola, y por eso cada alusión a su existencia es, si se quiere acudir a términos casi exactos, o un altar o un patíbulo o, por lo común, ambas cosas juntas".

Estoy buscando las fotos de Clark Gable y Pedro Infante en El Salvador...

lunes, 18 de mayo de 2009

Lonely Planet: Huizúcar

Huizúcar es un pueblo trabado entre las montañas y el mar. Cerca y lejos de San Salvador... Hace unos 18 años lo conocí por primera vez y a regañadientes. Y hace un par semanas regresé, ahora preguntándome: ¿Qué efecto tuvo en mí Huizúcar?


No logro recordar si fue sábado o domingo. Pero seguro fue un fin de semana que mi papá me ordenó subir a su pick-up subaru color gris. Era todo un ranger ese carrito. Yo no quería ir. Porque mi papá siempre ha sido vago, un back-packer tan estoico que prescinde de mochila. Siempre le ha gustado conocer pueblos, polvaredas, charcos, selvas y manejar hasta donde la gasolina y la luz del día alcancen.

El viaje no podía ser distinto a otros: 15 kilómetros de pedruscos, charcos, moscas y desolación. Después del zarandeo llegamos a Huizúcar. Un pueblo de cielo encapotado que entristece aún más su pobreza. Mi papá tuvo una cortesía: me compró una gaseosa en bolsa. Mientras la bebía sentado en una acera me dijo que íbamos a ver unas cascadas a pie. Yo pataleaba de enojo. Entonces el pueblo se iluminó con un gran relámpago seguido de viento y un rayo ronco. Unas gruesas y frías gotas empezaron a mojarlo todo. Corrimos empapados hacia el único lugar que ofrecía techo: el portal de un convento en la cima del pueblo. Un cura nos hizo pasar al convento. Olía a loza recién mojada y madera. Ahí vi un montón de santos de expresión constipada en el suelo. Como era travieso abrí una puerta y me topé con lo que nunca antes había visto: un enorme retablo de revuelos dorados, atiborrado de santos viendo hacia el cielo, vigas labradas, un sillón con un águila bicéfala... El religioso me explicó "antes estaba todo bañado de oro, pero los soldados se quedan a dormir aquí y han raspado el oro porque creen que lo pueden vender". No me costó creerle. Eran tiempos de la guerra.
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Luego me explicó que la iglesia había sido levantada en 1785. En un período histórico llamado colonial. Que los nueve altares eran así de barrocos porque los españoles buscaban impresionar a los indígenas para convertirlos. Y me sentí indígena. Me impresioné. Más por el arte, que por el dogma. Luego me sentí cura en pleno 1785. Medía distancias, imaginé que los primeros católicos en llegar a Huizúcar se sentían aislados, entre relámpagos y selvas. Y que al menos debieron sentirse reconfortados en este pedacito de refinamiento, y creo que de fe.
Al regresar a mi casa no dejé de pensar en Huizúcar. Me preguntaba de dónde sacaron el oro de los altares si El Salvador nunca ha sido un país minero. Cuánto trabajarían los indígenas en ayudar a levantar la iglesia. ¿Que tipo de árboles utilizaron? ¿Se impresionarían tanto los indígenas como yo? Porqué estaba todo en un lugar tan aislado. Mi conclusión: lo que me sabía a terrible novedad, era en realidad antiguo. Descubrí que no vivía en un "lonely planet", de selvas sin historia humana, sino en una tierra antigua. De pasados insondables, de antepasados mayas, aztecas, españoles...Y mi intriga solo conseguía crecer.
Después de Huizúcar creo que salí más con mi papá. Cada pueblo que visitábamos le pedía que se detuviera frente a la iglesia. Ahora él a regañadientes. Me tenía que esperar para hacer mis inspecciones. Las iglesias que no eran como la de Huizúcar me decepcionaban, como la de Usulután, La Unión... Con el tiempo me hice un poco ateo. Entraba sin persignarme solo para ver altares y salir escupido. Luego de ir a Guatemala y México me hice clásico. Un niño estrafalario con gusto por lo rancio, por lo barroco. Medio anacrónico. Hace unas semanas iba manejando del trabajo a mi casa. Vi el letrero que apuntaba a Huizúcar. Me entró cosquillas y llevé mi Kia hasta allá. Ahora el camino tiene asfalto y concreto. El cielo sigue encapotado. La vegetación igual de selvática. El pueblo tiene aspecto menos pobre que el de antes. Preguntando llegué a la iglesia, allí, en la cima de Huizúcar por siglos. Encontré que se han robado casi todos los santos llorones, con pelos de muerto, que vi. Pero los vi en mis recuerdos. Y me sentí en éxtasis como virgen.
Antier volví, por tercera vez, a Huizúcar. Me fui desde mi casa en bicicleta. 22 kilómetros redondos. El camino es tan solitario como extenuante. Un tortuoso sube y baja. Entre la montaña y el mar, Huizúcar me recibió con una procesión de medio kilómetro de penitentes que llevaban palmas con flores ensartadas. Oí pitos y varas de cohete. Entendí que yo también me he convertido en peregrino. En penitente a voluntad. En imagen de rostro constipado, como de talla colonial mestiza. Entendí que soy de los que también va en perenne procesión rumbo a la iglesia de Huizúcar.



domingo, 3 de mayo de 2009

Eolo, el rey del viento.

Imaginá que soy un soplido. Que no tengo intenciones de quebrar silencios. Que solo intento barrer hojarasca y un reguero de panfletos que no prometen nada. Que vago por ahí buscando no sé qué, no sé cómo, ni dónde...sin que me veas.Imaginá que soy la bocanada de aire que oxigena los pulmones del atleta que cansado sube por la pendiente. Que no quiero tener protagonismos falsos, sino solo ser aliento suficiente, aire suficiente, para que continúes, tu solo.

Cuando notes que el césped y el sauce se mueve levemente, imaginá que vago por ahí, etéreo. Buscando no sé qué, no sé a quién, cómo, ni dónde.
Imaginá que soy un soplido inaudible que se deja licuar por las aspas de torres eólicas. Que recorro cien hebras de cabello. Que hago levitar piscuchas. Que me surcan mil golondrinas. Que me muevo con las dunas. Que impulso las velas de mi propio barquito a no sé qué, no sé cómo, ni dónde.
Imaginá que soy un soplido.

martes, 31 de marzo de 2009

Yuuu Juuu?

Lo que el viento se llevó

jueves, 26 de febrero de 2009

Miss Cactus



Gabriela Mistral estaba convencida de que la tierra era un lugar hostil. Un lugar espinoso, que nos pincha, desinfla, cicatriza...y nos transforma en lo que somos.

Cuando Mistral ganó el Nobel de literatura, en 1945, mencionó que una mala profesora la obligó a ser lo que era. Ella recordó que de niña tenía que ir a la escuela, sin llevar lonchera, sino pobrezas. Era una niña taciturna y sin amigas. Su recreo era ver y respirar la agreste belleza del norte de Chile.

Un día, sus compañeras inventaron que Gabriela había robado unos cuadernos y la lapidaron. Un día después, regresó a la escuela, golpeada, y fue la maestra quien le gritó frente a todos:
-Ladrona, ladrona, ladrona, ladrona...

Mistral le impresionó mucho aquello. Lloró y lloró. Nunca más regresó a esa escuela. Su hermana, que era profesora también, la educó en casa. Mistral comentaba que desde ese momento quiso ser maestra y hacer la diferencia. Entendió que la pedagogía era fundamental para el desarrollo de un pueblo. Entonces, de un pinchazo, Mistral se hizo maestra, literata y Nobel.

A mi tampoco me gustó mucho la escuela. Pero no tuve la opción de estudiar en casa. !Dios me guarde, con mis papás! Recuerdo que cuando estudié en Guatemala la maestra de literatura española, Miss Liliana (Miss Cactus) me odiaba. Y no exagero al afirmar eso. No sé si me odiaba porque era salvadoreño o porque vio algo más en mí. Me llamaba "el guanaco", "el que vino de allá" y no Carlos.


Recuerdo que un 15 de septiembre nos sacaron al patio de recreo y el himno guatemalteco empezó a sonar por los parlantes. Yo sabía que no era el mío, y supuse que no debía poner mi mano sobre el corazón (los evangélicos no se persignan, pensé, y nadie les dice nada). Y me quedé de pie, firme por respeto, murmurando "Guatemala feliz...que tus aras no profane jamás el verdugo..."

Miss Cactus me buscó con la vista. Hizo detener la música marcial. Yo sentí que detuvo a Guatemala entera por mi culpa. Apretó mi mano derecha y me la restrego sobre el corazón y me dijo al oído.

-No sea irreverente muchachito, aquí no está en su país. !Respete a Guatemala!

Respiré hondo. Vi fijo las tres franjas verticales de la bandera chapina, me uní al himno y a la vez me repetía: no llores, no llores, no llores. Y no lloré, sino hasta que llegué a casa. Más calmado le conté algo a mi papá. Pero él pareció no poner mucho interés. Supongo que mi papá estaba poniéndome al ruedo. Tenía que ser fuerte y ver cómo me las arreglaba. Él no estaba para defenderme de mis adversidades. De hecho él ha sido bastante adverso conmigo.


Una mañana Miss Cactus habló sobre Lope de Vega, del Siglo de Oro Español... toda la clase empezó a dormirse o hablar de la siguiente clase. Menos yo, que no quería ningún problema con ella. Ella le dio un puñetazo al pizarrón. Y me pidió salir de clases. Y entregar un trabajo "exaula" porque yo era "salvadoreño agitador", un subversivo.


- ¡Chávez, para afuera! Se me queda ahí una semana.


Busqué la puerta, ella y un montón de gritos solidarios me acompañaron, al llegar al umbral quise dar un portazo, pero ella sujetó la puerta. Y forcejeamos como 3 minutos. Ella jalaba la puerta y yo del otro lado.


Terminé en la dirección. Miss Cactus no terminaba de explicar que yo era un malcriado, guerrillero, rufián... la directora me daba la razón, me pedía que entendiera que "ella no tenía esposo", yo en esa virginal época no entendía eso.


Mi papá estuvo ahí, pero fue todo silencios. No dijo nada. Me suspendieron dos días. A la Miss Cactus la despidieron o no sé si decidió renunciar. Recuerdo que preferí caminar a casa, decepcionado. Mi papá me seguía en su carro, un Opel color verde, yo le decía:


-¡Andate! ¡Para vos, el malo soy yo! ¡Seguí!

- ?Y para dónde vas? -me preguntaba él-

-¡Que te importa!


Y el carro de mi papá se perdió en un mar de carros y calles. Me quedé solo, con mi bolsón y lágrimas. Media hora después llegué al único lugar donde podían recibirme en un país extranjero: mi casa. Aprendí a no ser soberbio, sino sensato.


La principal lección que me dejó Miss Cactus fue entender que la tierra es un lugar hostil, como bien explicaba Mistral. El dolor tiene muchos rostros. Cactus me obligó a huir de la injusticia, y no acallarla tampoco. Encontré otros amigos. Me di duro con un par de majes, y los cachimbié. Nadie más me dijo guanaco. Hasta puse en su lugar a una monja hondureña, Elsy, que me decía que la razón por la que no entendía sus aburridos términos teológicos era porque era "salvadoreño".


- ¿Y usted que no da la clases de valores morales y religión? De verdad: Qué Dios la ayude y la perdone. Nada más irónico que una monja racista (ella era morena). Le voy a traer unas Atalayas para que se instruya...

-¡Malcriadazo! Lo voy a llevar a la dirección.

-Hágalo, que ya me estoy acostumbrando...


miércoles, 11 de febrero de 2009

Tenedor y Cuchillo.

La mesa está servida. Tenedor a la izquierda. Cuchillo a la derecha, detrás del plato. No se pueden ver. Pero poco después se conocen. Cuando ambos cortan un tasajo de carne. Se ven. Se rozan. Uno sostiene y el otro descuartiza. Los jugos brotan en complicidad. Ahora Cuchillo le dice a Tenedor.
-Carlos, me gustas.
Pero Carlos se queda en silencios. Mira el plato, ya sin el tasajo, vacío.
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...
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Es que Carlos está confundido. Se ha acostumbrado a comer solo con tenedor. El amor le suena más bonito en las canciones. De esas letras que reiteran que el amor es una palabra conjugable. Que el amor es solo amar. Tanta palabrería lo tiene preguntándose si tiene vocación para amar. O si la tuvo.
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Carlos me contó que el último cuchillo estaba tan afilado que siempre salía rayado. Pero aún así ambos cortaron muchos tasajos de carne. Almuerzo tras almuerzo. Cena tras cena. Y hasta algunos desayunos. Dice que el cuchillo tenía buen lustre. Tanto, que de noche sentía que brillaba más que el sol. Estaba deslumbrado.
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Una noche, Tenedor se dio cuenta que Cuchillo no era un cuchillo casero, era cuchillo de restorán. Tenedor se negó ser open-minded: No reclamó. No lloró. No dijo nada. Solo alcanzó a fingir que había olvidado algo en el carro. Y se marchó para siempre. Cuchillo lo llamó mucho, quizás solo para cenar. Tenedor tenía su horquilla de púas un poco dobladas. No quiso deteriorarlas más y dice que se bañó en acero. Fucking cuchillo.
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Tenedor hace su balance, tanto amor sirvió para que Cuchillo no lo olvide. Pero Tenedor cree que ya olvidó amar. Cree que prefiere "solo" que "solos".
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Carlos dice que hoy almorzó albóndigas en casa. Como es de esperar: sin cuchillo. Su progenitora lo reprendió.
- Carlos en la mesa se come con tenedor y cuchillo. !Claro, como no sos vos quien los lava!

martes, 27 de enero de 2009

Rara Avis



Siempre huyo de la palabra excéntrico. Debe ser porque a veces me siento así, como lo que define cualquier diccionario. Que excéntrico es algo o alguien raro, extravagante o "fuera de lo normal".
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Si dijese que no me han adjetivado así , mentiría. Desde que tenía unos 13 años la gente hacía sus diferencias. "Sos una Rara Avis" fue lo último que oí, hace dos días.
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A veces me pregunto que qué tengo de excéntrico. Siempre pensé que Cyndi Lauper y Salvador Dalí pertenecían a ese exclusivo club. Yo nunca he afectado mi imagen externa con artilugios para causar ese efecto. Me visto normal. Sin pelucas ni bigotes raros. Uso calzón y me cepillo los dientes.
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Entonces la excentricidad la llevo por dentro supongo. En las cosas que hago o digo. No obstante, yo más bien creo que siempre he sido tantito distinto, no excéntrico.
Porque siempre he creído que la excentricidad baila alrededor de la vergüenza. De no sentir vergüenzas. Pero yo soy una persona que siente vergüenza en plural. Siempre he tenido terror a mostrarme desnudo, en la intimidad, con el bombillo encendido. Me avergüenzo de no saber de fútbol. Me avergüenza no entender las misas, para mí siguen en latín. Con frecuencia me siento extranjero en mi propio país, y se me olvida en qué idioma hablo. Y cuando voy en avión busco agarraderos de bus...
Le tengo terror a la desaprobación de mi papá, a estas alturas ya debería al menos ignorarle un poco. Pero no me da vergüenza reconocer todo eso, quizás si soy medio excéntrico. Pero no del todo.
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No soy Cyndi Lauper. No. Ni ex guitarrista de Aerosmith. Aunque admito que hay situaciones que sí me sofocan. Conocer a alguien (egocéntrico, soberbio, católico, narrow-minded o demasiado frívolo) me provoca inmediato hastío. Mi fórmula es distraerme. Parecer como alguien muerto en vida. Mi mente mientras tanto viaja por países que no conozco. Y la persona pierde interés en mí. Fácil. Eso podría interpretarse como excéntrico, creo.
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Siempre me han dicho que hay dos tipos de gente. La palomática (las personas que han hecho algo grandilocuente con su vida) y las que no son palomáticas (la gente promedio). Pero a mí me dan todas igual en el trato. Si soy torpe, igual, el palomático lo notará y lo contrario. Entonces no debo pretender ser alguien. Sino yo. No me apetece causar efectos. Pero eso es interpretado como excentricidad.
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Mi abuela muchas veces me critica. Que porqué no me caso. Que me asoman barrigas y entradas. Que debería pedir aumento. Qué si estudias esto o aquello moriré de hambre. Mi respuesta es dejarle de hablar, con sutilidad. No la visito por semanas. Me desconectó de la gente. No me gustan los reclamos. Y reclamo cuando hay un grado de injusticia grande. Eso es interpretado como excentricidad.
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Si algo tengo de excéntrico es que me deprime la luna llena o me corto el pelo yo solo. Eso me parece hasta a mí medio excéntrico, pero no del todo. O que sienta nostalgia de cosas que no viví. Que duerma siempre con las ventanas abiertas, aunque tenga la peor tos. Que las veces que me he enamorado se puedan contar con una mano y me sobren dedos. Que me guste bañarme a solas, en los ríos. Que no quiera salir de casa por días enteros. Que me vuelvo un ser taciturno sin más interés que observar alrededor. Que coleccione zapatos parecidos...por lo demás no soy un rara avis.

viernes, 2 de enero de 2009

Botellas vacías

El año nuevo lo recibí en la autopista sur. Solo. Mi carro era el único que la recorría de oriente a occidente. En la radio decían que eran las 12 y la ciudad se bañaba en confetis de fuego. Parecía reir y llorar. Luego, y como reflejo de lo anterior, a mi mamá se le escurrieron las lágrimas y las risas, con los muchos abrazos y los efectos de dos vasos de Baileys: "tenes que hacer esto y lo otro", me decía, luego bailamos la cumbia sampuesana y la "Pipiripau". Más risas, comida y vodka.
Tras el abrazo a toda mi familia, me fui a otra fiesta, con Silvia. Allí oí mil cosas sobre sexo, algunas que no sabía, y que con alcohol en la sangre suenan a envidiables proezas. Regresé a casa a las 6 de la mañana, medio bolo, muy cansado.
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Para los que estaban dormidos: el amanecer del 1 de enero fue el más bonito del mundo. Claro e iridiscente. Pero me resultó sobrecogedor regresar a casa, ver la cocina llena de platos, comida, botellas vacías, ron, vodka, vino, pan, cigarros...ya no estaba bailando nadie, ya no estaba mi mamá, ni mis tíos. No habían carcajadas. Eran solo los escombros del 2008.
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No he tenido tiempo de pensar que dejo 2008. No lo haré. Estoy aburrido de ver para atrás. Vi la sala de mi casa, mientras subía las escaleras -en busca de mi cama- vi luz solar entrar por las ventanas. Me pareció más bonito ver todo aquello y me dormí. Desperté hacia las 2, con sed.

viernes, 12 de diciembre de 2008

¿Dónde está mi hija?

Ayer volví a soñar lo mismo.
¿Dónde está mi hija?, le gritaba a una muchedumbre, entre ellos mi militarezco papá. Todos me respondían al unísono: "Te la quitamos porque vos no podes con ella, queres que solo dibuje y ande jugando, que no estudie nunca. No podes, Carlos, no podes".
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Yo me esforzaba en explicarles que la tenía matricula en el Externado, pero que las clases aún no empezaban. Que la dejaba pintar mucho porque quería que se expresara mejor, y que a la vez fuera distinta a todos. Que fuera una buena persona. Que yo la quería mucho y que la dejaba jugar porque hasta de la calle se aprende. Que yo mismo me iba a rebajar al ridículo para que ella se riera de mí. Que supiera agradecer las cosas. Que la quiero criar escuchando a los Beatles y a Keane. Que me vea escribir sobre iglesias y sobre El Salvador.
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Que le iba a enseñar a sembrar arboles, como mi abuela me enseñó a mí. Que iba a fingir leerle un libro de Isabel Allende, pero que en realidad la historia me la iba inventar yo. Que iba a trabajar muchísimo para ella y para mí. Que mi maestría sería ella. Pero todos me observaban como a un loco y yo me empezaba a enojar, a tirar cosas, platos a la pared, a putiar, a llorar. Entonces desperté, triste. Porque la niña no está. Nunca ha estado.

Otro día soñé que estaba en la Despensa de don Juan. Y fui directo al cajero y solo tenía $20 de saldo. Y se me hizo un nudo el estómago y el corazón, porque había un niño jalándome del cincho y me decía:
-Papá, no me has comprado el bolsón. Todo se te olvida. !Mañana voy a clases!
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Entonces fuimos al pasillo de útiles escolares. Y vi un bolsón gris, muy sobrio, colgando. El precio: $9. Y yo lo animé: !Qué chivo está éste! !Uno así quisiera!
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Y él puso cara triste. Casi a punto de llorar de la decepción. Dijo que yo no sabía sus gustos, que él quería no sé qué, que parecía tener una caricatura japonesa. Costaba $19.
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El caso es que me saqué el billetío de $20 y se lo compré. Y el benevolente hijo, que se parecía mucho a mí, pero con pelo de rancho, me dijo que me comprara algo con el dólar que sobraba.
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-!Gracias! ! Qué amable sos! !Que Dios te bendiga! -le dije.
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Y nos subimos al carro. Él viendo su bolsón y yo tratando de recordar en qué colegio lo había matriculado y a qué horas lo iría a dejar y traer. Y de dónde putas iba a sacar dinero para que llevara algo dentro de la lonchera.

Quiero ser papá, pero dicen que estoy loco.
Si alguien ha visto a la hija de mis sueños avisenme.
Es chelita, pelo colocho, trompudita como yo, menuda, casi no habla. Y no sé su nombre.

martes, 9 de diciembre de 2008

From me to you

Se vino la navidad, y yo me fui de shopping. No les compré las llaves del Cadillac, sino tarjetas de navidad. This is from me to you.
To: Calila.
Merry Christmas to Colombia.
To: Silvia Henríquez. -Presente-
Quería desearte felices pascuas Nana. Como te gustan las cosas antiguas, pensé que esta era la más adecuada. Creo que a Elena Salamanca también le va a gustar, porque tiene influencia art nouveau. Pero, vos enfocate en comer más chumpe.

To: Steff
Happy Holidays!!! Espero que no bebas tanto. Que intercales a Tiesto con algún villancico. Y que podamos ir al gym todo el 2009 estar siempre chivos. ¿Recordad que hace 3 meses prometimos estar cuerazos en diciembre? Viste que sí se pudo. Viste puee...

To: Erick Estrada.
Hace ya tus encuestas 2009, pero celebra la navidad del 2008. !Felicidades!


Don Fonchito:
!Qué Dios lo bendiga! Que Tata Dios le traiga más salud y sapiencia.

To: Kike
El gym. !!!Felicidades!!!


To: Leticia
Como sos bien conservadora. Ortodoxa. Católica. Apostólica. Romana y rumana. Pues te conseguí esta tarjeta. Ojalá tus temas de sexo y turismo sigan siendo tan polémicos. Best wishes and happy birthday.
To: Nadie
Vi esta imagen y me gustó. Jamás he visto a un tamal de esa manera. Espero que si no comes uno en Navidad, al menos la pases bien chenguere reventando cohetes.
To: Elena Salamanca.
Como sos medio feminista y art déco te busqué esta tarjeta, allí, en el parque San José. Espero que pases bien chivo esta época de adviento, pastorelas y ponches que no podes beber.
To: Séptimo Sentido.

Santa Claus siempre se ha olvidado de llevar obsequios a muchos nicaraguenses y salvadoreños. En la fotografía, tomada en Managua hace 30 años, Santa fue pillado pidiendo pisto. Ironías.
Fuera de esto, felicidades a todos!!!!


To: Laura, alias La Bótica

El potasio es bueno en Navidad. Así podes aguantar desvelos y recuperar energías tras bailar la cumbia sampuesana. Merri krixmax


To: Niña Reina ex de Álvarez.
!!!!Qué gane la Mila Navas!!!

Esta es para mí. !Bien Los Ángeles, California esto!. Por si lo lee la U.S. Embassy: i need the american visa. I would like to travel to L.A. in order to enhance my english. Cause I´m really ill prepared. By the way, i would like to send one greeting to my aunt Adita in Houston, Texas!!!

Esta tarjeta es para los que no mencioné, pero que igual tienen su tarjeta en mi corazón. O sea a todos. A mi no me cae mal nadie, ni el Nadie.
!!!Felices fiestas!!! Chupen. Bailen. Degradense. Y que la virgen de Medjugorje me los acompañe.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Psicología clásica. Tomo 1.

La psicología moderna explica que cada cosa con su nombre, y cada nombre con su imagen. Sin embargo, pienso que el software de mi cerebro es antiguo. Un software clásico, uno de edición limitada, versión que nadie quiso, ni quiere.

Brian Weiss, el psicoanalista que cree en la reencarnación, me diría que vivo atado al pasado, a otra vida. Sin embargo, lo que creo es que soy un tipo inadaptado a la realidad actual, fijado al pasado.

Por ejemplo. Si escucho la palabra "Republicana", aparece esta imagen en la pantalla de plasma de mi cerebro.

Sí. Es el general Francisco Morazán (1772-1842). Este señor lo que quería era que Centro América fuera una sola, una sola república. Republicana.



Si escucho "Iglesia del Rosario" ...
... Veo la antigua catedral, colonial, de San Salvador. En lugar del mostrancón de cemento, que es la iglesia del Rosario actual, debería estar esta imagen.
Si alguien dice Hijo de puta...
...Veo al Chele Medrano. Él fue director de la Guardia Nacional entre 1946 y 1954. No lo conocí, pero por lo que he leído no me cuesta creer que asesinó a mucha gente que era considerada comunista o antimilitarista. El muy hijo de puta le sacaba los sesos a la gente y luego se iba en su Harley Davidson.

Cuando alguien dice "cruzar el mar"...
...de las aguas de mi cerebro saltan bestias horripilantes. Chuchos marinos jamás vistos. Demonios inventados que me impedirían llegar a puerto. No logro descubrir que el mundo es redondo aún.

Cuando escucho España...
...Veo a García Lorca. He leído más su biografía que sus poemas. Pero para mí, España es Lorca.

La palabra Isla...
...me lleva hasta la isla de Pascua. Y si yo fuera una isla, sería esto. Lejos y conectado a todos. Monolítico. Siempre viendo para el mismo lado, al pasado.


La palabra costumbrismo...
... Consigue que vea este paisaje, tipo Editorial Tazumal. Chovinismo puro.

Si alguien menciona Claudia Lars...
...Veo la misma foto. Claudia Lars era de Armenia, desde allí debió ver el mismo cuadro. Claudia Lars es costumbrismo. Más chovinismo.

Las frutas...
...las veo grabadas. Coloreadas con acuarelas. Al estilo de los botánicos de antes.


El único rascacielos para mí...
...Es la torre Chrysler de Nueva York (terminada en 1929). Es Art Déco. Tiene gárgolas incrustadas. Es una clásica de acero. Brilla.


Cuando alguien menciona Alemania...
...No veo a Hitler. Ni a Goethe. Ni a Lutero. Veo el Castillo de Neuschwanstein. Un alemán enloquecido lo mandó a construir, en Baviera, en 1866.

Estados Unidos...
...Al menos para mí, USA es uno de sus afiches post-segunda guerra mundial: We can do everything.


Colombia...
... No veo a la Betancourt. Ni a Márquez. Tampoco a Shakira. Sigo viendo a María y Efraín, los personajes del escritor Jorge Isaacs (1837-1895).


Traje de noche...
...En mi cerebro la imagen que aparece es el traje de volcaneña.

Cuando escucho "llorona", "sufriente" o "dolor"...
...Veo a la virgen de los siete puñales. Una de las estatuas que salen en Semana Santa. Supongo que desde niño me impresionó su aspecto, tipo Victoria Ruffo.

Pop...

No es N´Sync. Ni Timbiriche. Veo esto.