martes, 4 de septiembre de 2012

El único hijo de Claudia Lars




Hoy visité a Roy Beers Brannon, el único hijo de Carmen Brannon o "Claudia Lars".
Llegué puntual a su caserón, en plena colonia San Francisco, a las 3.30 de la tarde.  Y lo primero que recibí fue un gran aguacero.
Su empleada (eufemismo de sirvienta o muchacha) me ofreció una servilleta para secarme.  Y me pidió esperar a Roy en un vestíbulo decorado con un psicodélico cuadro de "Saint Patrick", obra de una de las hijas de Salarrué, Maya. Al poco rato, apareció una señora robusta (luego sabría que era la esposa de Roy), quien no contestó mi saludo.
El tercero en aparecer -en simultaneidad de un fortísimo trueno- fue el mismísimo Roy Beers. Vino acompañado por su enfermera de planta. "Hace un par de años me caí y me golpeé aquí (la parte alta de la frente)", dijo como justificando tener quien lo cuide. El próximo 25 de diciembre Roy cumplirá 85 años de edad.
Nunca conocí personalmente a Claudia Lars, la  más reconocida de cuántas escritoras haya parido este país. Claudia nació en 1899 y falleció en 1974, antes de mi nacimiento. Sin embargo, al ver los ojos grises de Roy uno puede adivinarla.
Me pareció un tipo dulce y de modales "agringados". Era de esperarse, su papá era gringo y  su abuelo-materno era irlandés.

Roy tomó asiento. Y los truenos apenas me dejaban escucharlo. Me aseguraba que iba a decepcionarme, porque casi no conserva nada de  "Camen", como aún llama a su mamá (su nombre de pila era Carmen Brannon). Y empezó por mostrarme tres cuadros:  uno de Salarrué, otro de Valero Lecha y otro de José Mejía Vides (tres de las figuras más reconocidas de la plástica nacional). Me mostró los libros que pertenecieron a Claudia. Y luego me llevó a una habitación donde conserva, bajo llave, una manojo de documentos amarillentos.  
Mientras los extraía de una especie de lata de galletas, volvió a aparecer su esposa: "Roy, they won´t need all this! ". Lo dijo como si hablará en un código indescifrable y exclusivo. Roy congeló una sonrisa nerviosa. Y ella hizo ademán de estar a punto de ahorcar a su enfermera por no haberle alcanzado sus gafas de lectura.

Sin más, la señora tomó un manojo de cartas y fotografías con la caligrafía acolochada de Claudia,  "el periodista estará feliz de que me vaya, pero antes me llevaré esto (una torre de papeles y fotos). Claudia se las dejó a mis hijos, Roy. Y por cierto no se las he dado". Y desapareció.
Por unos segundos vi entristecido a Roy. Y preferí hundir mi mirada en una de las pocas fotografías que dejó la señora. Una donde aparece la iglesia antigua de Armenia. La foto debe ser anterior a 1917. Porque en 1917 esta iglesia fue tumbada por la erupción-terremoto del volcán de San Salvador. Sobre la imagen, Claudia sobreescribió: "En esta iglesia fui bautizada".  Otra dice:  "Las Tres Ceibas"; la hacienda de su Tierra de Infancia.
Vi muchísimas cosas más: un pasaporte de 1937 y que perteneció al hermano de Claudia, el exdiputado Juan Brannon. Vi unas fotografías antiquísimas de los abuelos maternos de Claudia Lars: Felipe Vega y Carmen Zelayandía. Estas imágenes, daguerrotipos, deben tener, por lo menos, unos 110 años. También vi una fotografía, donde Roy aparece muy joven, en New Orleans, junto a una exnovia muy guapa. "No publique esta foto", pidió Roy, como intuyendo que su señora podría enojarse por eso. A la enfermera le dio risa su petición.   
Antes de irme, Roy autorizó fotografiar el retrato que Valero Lecha hizo de Claudia Lars. Él la pintó como a una niña de unos cuatros años, justo como cuando Claudia crecía entre Armenia y la hacienda de su padre, Las Tres Ceibas. El cuadro está colgado en su recámara.

En ese mismo instante, la esposa de Roy se asomó por otra puerta y al verme la azotó fuertísimamente.  Luego, volvió a salir y me dijo: "No cree que ya es suficiente?".  Le dije que sí. Y Roy, en silencio,  hizo el esfuerzo de llevarme hasta la puerta. Allí, ambos nos dimos las gracias.  

4 comentarios:

  1. Me gustó, Carlos. Todo lo que tenga que ver con Claudia Lars me interesa. Saludos.

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  3. Mi abuela fue muy buena amiga de Claudia, una mujer muy dulce, cariñosa y de gran educación, vivía en la Colonia Nicaragua, yo la visitaba muy seguido pues me gustaba conversar con ella y que me leyera algunos de sus poemas, conocí a Roy estando todavía soltero y luego supe que se había casado con la hija adoptiva del Doctor Luis Rivas Palacios, una muchacha pedante, malcriada y prepotente y por visto leyendo este artículo, pude notar que no cambió su modo de ser. Lástima que sus padres adoptivos no la pudieron educar.

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