lunes 23 de noviembre de 2009

Yo right now



domingo 15 de noviembre de 2009

Lily


Dividimos el jardín en dos países imaginarios: San Dog y Chili-Lily. Mis carritos viajaban a tu país. Y tus barbies turisteaban por el mío. Asesinamos juntos al aburrimiento con una ducha-lucha a manguerazos en plena sala. O nos bañamos en lodo hasta los dientes. Eramos incapaces de esperar hasta el 24 de diciembre, le abrimos agujeros a los regalos para husmear qué había sido la voluntad de Papá y Mamá. Acampamos en el jardín debajo de una silla envuelta en sábanas. Nos especializamos en preparar pan con ajo, avenas, y cafés no aptos para diabéticos.

Bailamos en la azotea con la grabadora negra a todo volumen. Nos expulsaron del colegio el mismo año. Caminamos sobre el tejado de todo el vecindario. El Show de Cristina era para mayores de 18, pero no hubo capítulo que no viéramos. Nos metimos dentro de una caja de cartón y nos deslizamos por las gradas de la casa, nos desmayamos juntos por los golpes y el susto. ¿Y cuántas veces nos cachimbearon? ¿Cuántas? Yo no me acuerdo. Con las cosas así, me parece increíble que en el colegio le dieras duro a Celina, y yo a Francisco.

El colmo: yo solía pararme sobre clavos y vos sobre hormigueros. Nos hicimos amigos de las muchachas: Mari, Inés y Aleida. ¿Cuántas veces fuimos al Jardín Botánico? Soy más genérico, juntos pasamos una guerra, tres terremotos, un eclipse total del sol y el año en que papá fue despedido. En el terrenito de mi Papá, recogimos miles y miles de jocotes, mangos y sobre todo naranjas. Tantas, que hicimos fresco y lo vendimos en la calle ¿Has calculado cuántos sacos de naranja hemos exprimido hasta hoy?

Durante más de 25 años has estado ahí, en el dormitorio de al lado. Pero a partir de hoy voy a extrañar hacer tok tok en tu pared cuando no pueda dormir. O verte enojada porque usé tu shampoo o abrí tu gaveta ¿Aún casada, y con sobrino, seguirás siendo mi cómplice? ¿Me tendrás confianza? Aún me veo yendo a preparatoria con vos, tu lonchera junto a la mía, y cuando iba cada uno para su aula: "Que te vaya bien, Carlos", "Adiós Lily". O yendo a pie rumbo al bachillerato en medio de enormes cipreses y neblina. O cruzando la frontera Guatemala-El Salvador, una y otra vez, mientras mi papá repetía el mismo casete de Gianni o "Chankosky". O yendo a la discoteca un 31 de diciembre hasta ver el sol de un nuevo año.

¿Recordás la famosa foto donde salís de damita de honor? ¿Cuando te pusiste a chillar porque te dije que ese día te ibas a casar con tu pequeño chambelán? Pues hoy te dije dije lo mismo y no lloraste. Estabas más feliz que nunca.

Señorita Tabcín, señorita Chanwish, Pocha, Silvia Arely, Lily: !Buena suerte, hermana!

martes 20 de octubre de 2009

El perfume de María


María nunca usó perfume. El suyo era natural: olor a hierbas, Café Listo con leche y taller textil. En su viejo tocador, frente a un espejo, siempre hubo lo mismo: un frasco de crema C de Pond's y un peine plástico. Nada más. Era minimalista. Austera. No porque no fuera vanidosa. Al contrario. A sus 79 años recordaba que de chamaca había sacado a un muchacho del seminario. Y que hubo uno que hasta se suicidó por uno de sus desprecios. Con dos peinadas y una untada de crema, mi abuela se sentía bonita. Victoriosa. Y se ponía a trabajar, su único ocio era leer el periódico de cabo a rabo tumbada en su sofá.

Mi abuela María nació en el campo, pobre. A inicios del siglo pasado. En un lugar tan rural, que aún no tiene nombre, solo sé que está al norte de Quezaltepeque, entre cañales y polvaredas. Su bachillerato fue un tercer grado, aprendió a leer, a sumar y restar, y se sintió lista para la vida. Era blanquita, porque sus padres eran campesinos chalatecos. Cuando cumplió 17 conoció a Carlos Chávez, un comerciante sonsonateco -mi abuelo- y se casaron. Con él tuvo 9 hijos al hilo. Cuando parió al último, mi abuelo se despidió de ella. Le balbuceó Honduras, y desapareció. Era comerciante y pastor evangélico. Formó otra familia.

Mi abuela me regañaba cuando chillaba de chiquito, porque yo tenía miedo de caminar a oscuras. O chillaba cuando mis papás peleaban, o cuando quebraba mil cosas de vidrio.
-!Tan guanaba (marica) que te haces! -me decía, y yo lloraba más.

A ella nunca le gustó el drama. No era abuela alcahueta, ni de mimos. Era más bien dura, de regaños, de reflexiones, de platicas infinitas. Vino a San Salvador en 1950, en tren, con 9 hijos. El centro capitalino la acogió en un cuartucho, allí la llamaban "mengala", término despectivo para las provincianas. Hacía tamales de gallina. Los hijos que no trabajaban, por ser aún niños, tenían que salir a venderlos a puro pregón. Dicen que los tamales no le alcanzaron para pagar rentas y frijoles. Les embargaron todo, las camas y hasta las ollas de los tamales. En casa de Juan, un hermano, dicen que María sollozaba, en silencio, acostada ladeada en su cama, viendo la pared para que sus hijos no la vieran así, preocupada, aterrorizada por la vida. La puedo ver así. No había mucho o nada que comer. Enflacó. Prefería no comer para que uno de los 9 llevará algo en el estómago. Incluso pensó en poner en adopción a los más pequeños. Pero se apretó los marfiles. Solo sabía ser mamá.

Puso una tienda con dinero prestado, volvió a hacer tamales, aprendió a coser, aprendió a vender y ahorrar, compró una máquina de coser, alquiló una casa. Y con el tiempo, sin darse cuenta, tenía su propia maquilita con 8 mujeres cosiendo e hijos en la universidad. Un taller donde salían trajecitos para niños de toda Centro América. Cuando yo nací, a inicios de los 80´s, mi abuela había saltado de campesina a empresaria. Vivía en un enorme caserón en la colonia San Francisco, Calle Los Granados, 189.

Parte de esa casa, de mil recovecos, escaleras y jardines, era su nuevo taller-hogar. Mis papás, un ingeniero (su hijo) y una secretaria, me dejaban ahí, mientras trabajaban. Yo lloraba por la ventana cuando los veía desaparecer. Y ella: "Al carajo, qué chillón saliste!!!" Y me dejaba así. Cuando las lágrimas se me acabaron caí en cuenta que esa señora jamás me iba a andar chinchoneado. Solo la veía trabajar. Cocinando, reciclando comidas, haciendo frutas en almíbar, quitando hebras a sus trajecitos, atendiendo clientes chapines, nicas y ticos, y sembrando un jardín imposible. Un jardín imposible de olvidar. En pleno San Salvador tropical, hizo crecer una vid, un macetero con lavandas, hileras de margaritas, higos, icacos, tomates, guisquiles, papayas, chiles de todos colores y picores, helechos y quien sabe qué más. Aún la puedo ver sentada sembrando con su machete y azadón. Cuando no le gustaba algo, lo cortaba de raíz y sembraba algo que fuera más exótico que lo anterior. Era el centro de las reuniones familiares. Escuchaba todo con rostro inocente, pausa, y salía diciendo cosas geniales: la mujer que no usa cartera es puta. No quiero salir en fotos porque van a decir que soy la muchacha. Esa mujer es puta. Bola de bolos hijos de puta, dejénme dormir.

Ella y mi papá compraron 12 manzanas de tierra en Tamanique. Un pueblito perdido entre el mar y la sierra del Bálsamo. Los domingos era casi obligado tener que ir. Aprendí a sembrar árboles, recoger mangos, nances, naranjas, limones, jocotes, marañones, cocos, guindas... y esperar sus almuerzos cocidos con leña, porque al principio no había energía eléctrica. A tolerar el calor. A abrir falsos. A bañarme casi desnudo en medio de la selva. A hacerme heridas y cauterizarlas con sudor y polvo. A conocer a la gente pobre, muy pobre, de la que ella era su gran amiga. La veían como heroína. Conocían su historia, algunos salieron de pobres con su ejemplo. Con ella aprendí a envalentonarme frente a lechuzas, serpientes de coral, zorros y avispones. Pero no pude quitarme lo chillón. Lo guanaba. Tamanique me acercó mucho a ella. Y ella me acercó a Tamanique. Era súper patriota. Amaba a este país muchísimo. Estados Unidos le pareció aburrido para su edad.

Cuando arribé a la adolescencia me era fastidioso ir a Tamanique. Me entró la vanidad y la imbecilidad de esa edad. Pero aún así, salimos con ella a México en carro, y ahí, nos agarrábamos de la mano, algo que me sorprendía por su dureza. Juntos, vimos fascinados los pinares, los indígenas, las iglesias y las cumbres nevadas de México. Luego mi familia migró a Guatemala. Como tenía como 14 ó 15 años podía tolerar la ausencia de ella y Tamanique, esa fue mi época de las borracheras, manoseos y besos. Un fin de año, el 31, en Guatemala, estábamos cenando solos, aburridos, medio tristes, sin nada parecido a las fiestas en casa de la abuela. Eramos extranjeros y mi papá, mamá, y hermana tratamos de celebrar así, solos, bailando entre nosotros 4.

Pero a las 9 ó 10 de la noche sonó el timbre. Yo abrí la puerta. Y casi me desmayó. Era mi abuela María, con su pelo entrecano, un suéter café y bolsas con comida. Abracé a la septuagenaria y volví a ser guanaba, lloré, todos lloramos. Ella pidió a otros tíos manejar hasta Guate, para celebrar. El mejor fin de año.

Cuando regresamos a El Salvador, en 1999, mi abuela decidió dejar su caserón, para que todo se convirtiera en fábrica y oficina manejadas por un tío bonachón, el mayor de sus hijos. Entonces pasó a vivir enfrente de mi casa, en Antiguo Cuscatlán. Era más fácil visitarla. En su casa me ofrecía fruta en almíbar, guaro, me daba semillas de flores para que las sembrara en mi jardín (me dio unas raras y me dijo que esperara a ver su color), me regaló hasta una billetera con 100 colones. Me aconsejaba: Carlos siento que te falta tener pareja. Te falta ponerle sal a la vida. Por qué en vez de estudiar no trabajas en Estados Unidos, mucho, cuando tengas dinero sabrás qué hacer para vivir, yo eso haría si fuera vos. Nunca me dijo te quiero, pero no hacía falta. Sabía que me quería, más que a mi hermana y otros nietos. Yo la bañaba en besos y me gustaba hasta olerla. De un día a otro le diagnosticaron cáncer de pulmón. En dos meses enflacó. No comía nada, pero fingía bien estar bien.

Cuando vino la incontinencia, la dependencia, sintió que era indigno para ella, la vi llorar, una rereza. Un día antes de morir, dijo contenta que su hermano Juan y su mamá (muertos muchos años antes) la habían visitado vestidos de blanco con un canasto repleto de pan dulce. Pidió quitar retratos familiares de su cuarto. Y espantar a las palomas del jardín. Decía que no se quería morir, que tenía cosas qué hacer aún. Trabajar. Sembrar. Cocinar. Coser. Ser matriarca. A la una de la madrugada sonó el timbre de mi casa. Como me sucedió en Guatemala, sentí desmayar. La abuela María murió dormida, al lado de una tía vigía. Me acurruqué con ella, en la cama, hasta que se le fue yendo todo el calor. Casi no lloré, no fui tan guanaba. Al llegar a mi casa me vestí de luto y vi al jardín. Ese día, el día de su cumpleaños número 80, había dado flor una de las semillas que me dio. Una enorme flor. Enorme. De pétalos rojos que se decoloraban a amarillo. Tampoco lloré. Ni en su vela. Ni en su entierro. Es más reí, como desconexión y tributo a una mujer de pocas lágrimas públicas. Cuando empezó mi rutina, y noté que no estaba entendí que ya no estaría más. Entonces traté de emularla. Me encerré en mi cuarto y lloré, y lloré y lloré.

Eso fue en 2001. Con los años, con el trabajo, el estudio, los problemas, los desengaños, siento que la he ido olvidando un poco. Me pregunto de qué color era su cabello, me entristezco al dudar, y prefiero postergar la respuesta y alguna lágrima. Ya hace ratos dejé de ser un niño. Trato de recordar consejos, y me es inútil, soy un testa-dura. Jamás me he acercado otra vez a un jardín. No quiero freír un huevo. Encender fogón. Poner una hamaca. Cargar cosas. Sé bien cómo hacerlo, pero ahora no. Hace años fui a su tumba y sentí que mi búsqueda era en vano. No está ahí. Ahora me siento viejo, y con más sueños que cosas tangibles. Ahora es cuando debo recordar a mi abuela María, recordar lo que me enseñó. Al menos aún sé describir su perfume: a hierbas, Café Listo con leche, y taller textil.







miércoles 19 de agosto de 2009

Ocho días así

He recibido un regalo subliminal de mi papá: una cama matrimonial. Mi ex me regaló un cachorro y un beso, solo acepté lo último. He rebajado 4 libras. No he desayunado. Le he hecho muecas a un mimo para explicarle que yo tampoco tenía dinero y que le debo al Citi Bank. Me despierto a las dos madrugada con el sonido de un mensaje de texto jamás enviado. He dormido varias noches en una cama que no es la mía, la matrimonial. En lugar del mar he ido a un bar. Un exorcista español me dijo que era muy duro y que sufría por eso. Pagué por nadar en una piscina pública. Me he emborrachado con cuatro tragos. He vuelto a fumar. Me he comido 3 pupusas de una sentada. He mandado a enmarcar la firma de Claudia Lars. Me he desvelado escribiendo para La Prensa. Mi carro se ha vuelto tren, de aseo. He manejado en círculos y tríangulos.
Corté con quien estaba saliendo. Me corté el pelo. Quise andar en bicicleta pero la llanta de adelante se safó. Me han presentado a alguien nuevo, no me gusta. Me comi un pan con pavo. Me ha costado decidir qué calzón ponerme. Me he puesto a llorar de solo leer el título de la nueva película de Cameron Díaz. Me he acostado a las 4 de la madrugada viendo You Tube y tratando de bailar como Natalie Imbruglia. He averiguado sobre compatibilidad astrológica y cartas astrales. He leído dos revistas y 9 periódicos. He ido a un anti-recital y no he entendido nada. Discutí con una alemana neonazi, por el messenger. Un amigo me ha invitado a Citalá, pero me he negado. Una compañera me ofreció un frozen capuccino, pero tampoco he querido. He sentido calor y dolor de cabeza. Me he sentido cansado...

miércoles 22 de julio de 2009

María Félix de paso por San Salvador

En 1952, La Prensa Gráfica fotografió a María Félix en San Salvador, sí, aquí.

Fue en un lluvioso sábado 30 de agosto. Un avión, que cubría el largo trayecto desde Buenos Aires a Ciudad de México, descendió al aeropuerto de Ilopango en San Salvador. Según la nota, mientras el avión era revisado, María Félix tuvo que ser llevada a una sala especial de migración, porque un remolino de fanáticos la quería tocar para corroborar que no era un semidiós. Ella lamentó su breve estancia en El Salvador, dijo que era algo más casual que planeado. Era la primera -y última- vez que se le vio pasar por acá, entre Apulo y el cerro de San Jacinto.

La diva mexicana viajaba con su joven hijo, Enrique Álvarez Félix; y tres secretarias: Julia Aleu, Esperanza Gómez e Isabel Barrera. Según el amarillento periódico, para entonces María Félix residía en Argentina, era amiga íntima de Evita Perón. Ese año filmó, en Buenos Aires, una película llamada La Pasión Desnuda. Además estaba comprometida con un actor argentino, un tal Carlos Thompson, a quien dejó el mero día de la boda, es mi heroína. Para octubre de 1952, María Félix estaba feliz y casada con Jorge Negrete, el cantante de la mítica ranchera "México lindo y querido".



María Félix estuvo menos de treinta minutos en San Salvador. Tiempo suficiente para ocupar portada de periódico y fotos en la sección nacional, y ahora, casi 57 años después, en este blog. Como dice el periodista mexicano Carlos Monsiváis: "Todo lo que se dice de María Félix es creído y creíble porque lo primordial es seguir mencionándola, y por eso cada alusión a su existencia es, si se quiere acudir a términos casi exactos, o un altar o un patíbulo o, por lo común, ambas cosas juntas".

Estoy buscando las fotos de Clark Gable y Pedro Infante en El Salvador...

lunes 18 de mayo de 2009

Lonely Planet: Huizúcar

Huizúcar es un pueblo trabado entre las montañas y el mar. Cerca y lejos de San Salvador... Hace unos 18 años lo conocí por primera vez y a regañadientes. Y hace un par semanas regresé, ahora preguntándome: ¿Qué efecto tuvo en mí Huizúcar?


No logro recordar si fue sábado o domingo. Pero seguro fue un fin de semana que mi papá me ordenó subir a su pick-up subaru color gris. Era todo un ranger ese carrito. Yo no quería ir. Porque mi papá siempre ha sido vago, un back-packer tan estoico que prescinde de mochila. Siempre le ha gustado conocer pueblos, polvaredas, charcos, selvas y manejar hasta donde la gasolina y la luz del día alcancen.

El viaje no podía ser distinto a otros: 15 kilómetros de pedruscos, charcos, moscas y desolación. Después del zarandeo llegamos a Huizúcar. Un pueblo de cielo encapotado que entristece aún más su pobreza. Mi papá tuvo una cortesía: me compró una gaseosa en bolsa. Mientras la bebía sentado en una acera me dijo que íbamos a ver unas cascadas a pie. Yo pataleaba de enojo. Entonces el pueblo se iluminó con un gran relámpago seguido de viento y un rayo ronco. Unas gruesas y frías gotas empezaron a mojarlo todo. Corrimos empapados hacia el único lugar que ofrecía techo: el portal de un convento en la cima del pueblo. Un cura nos hizo pasar al convento. Olía a loza recién mojada y madera. Ahí vi un montón de santos de expresión constipada en el suelo. Como era travieso abrí una puerta y me topé con lo que nunca antes había visto: un enorme retablo de revuelos dorados, atiborrado de santos viendo hacia el cielo, vigas labradas, un sillón con un águila bicéfala... El religioso me explicó "antes estaba todo bañado de oro, pero los soldados se quedan a dormir aquí y han raspado el oro porque creen que lo pueden vender". No me costó creerle. Eran tiempos de la guerra.
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Luego me explicó que la iglesia había sido levantada en 1785. En un período histórico llamado colonial. Que los nueve altares eran así de barrocos porque los españoles buscaban impresionar a los indígenas para convertirlos. Y me sentí indígena. Me impresioné. Más por el arte, que por el dogma. Luego me sentí cura en pleno 1785. Medía distancias, imaginé que los primeros católicos en llegar a Huizúcar se sentían aislados, entre relámpagos y selvas. Y que al menos debieron sentirse reconfortados en este pedacito de refinamiento, y creo que de fe.
Al regresar a mi casa no dejé de pensar en Huizúcar. Me preguntaba de dónde sacaron el oro de los altares si El Salvador nunca ha sido un país minero. Cuánto trabajarían los indígenas en ayudar a levantar la iglesia. ¿Que tipo de árboles utilizaron? ¿Se impresionarían tanto los indígenas como yo? Porqué estaba todo en un lugar tan aislado. Mi conclusión: lo que me sabía a terrible novedad, era en realidad antiguo. Descubrí que no vivía en un "lonely planet", de selvas sin historia humana, sino en una tierra antigua. De pasados insondables, de antepasados mayas, aztecas, españoles...Y mi intriga solo conseguía crecer.
Después de Huizúcar creo que salí más con mi papá. Cada pueblo que visitábamos le pedía que se detuviera frente a la iglesia. Ahora él a regañadientes. Me tenía que esperar para hacer mis inspecciones. Las iglesias que no eran como la de Huizúcar me decepcionaban, como la de Usulután, La Unión... Con el tiempo me hice un poco ateo. Entraba sin persignarme solo para ver altares y salir escupido. Luego de ir a Guatemala y México me hice clásico. Un niño estrafalario con gusto por lo rancio, por lo barroco. Medio anacrónico. Hace unas semanas iba manejando del trabajo a mi casa. Vi el letrero que apuntaba a Huizúcar. Me entró cosquillas y llevé mi Kia hasta allá. Ahora el camino tiene asfalto y concreto. El cielo sigue encapotado. La vegetación igual de selvática. El pueblo tiene aspecto menos pobre que el de antes. Preguntando llegué a la iglesia, allí, en la cima de Huizúcar por siglos. Encontré que se han robado casi todos los santos llorones, con pelos de muerto, que vi. Pero los vi en mis recuerdos. Y me sentí en éxtasis como virgen.
Antier volví, por tercera vez, a Huizúcar. Me fui desde mi casa en bicicleta. 22 kilómetros redondos. El camino es tan solitario como extenuante. Un tortuoso sube y baja. Entre la montaña y el mar, Huizúcar me recibió con una procesión de medio kilómetro de penitentes que llevaban palmas con flores ensartadas. Oí pitos y varas de cohete. Entendí que yo también me he convertido en peregrino. En penitente a voluntad. En imagen de rostro constipado, como de talla colonial mestiza. Entendí que soy de los que también va en perenne procesión rumbo a la iglesia de Huizúcar.



domingo 3 de mayo de 2009

Eolo, el rey del viento.

Imaginá que soy un soplido. Que no tengo intenciones de quebrar silencios. Que solo intento barrer hojarasca y un reguero de panfletos que no prometen nada. Que vago por ahí buscando no sé qué, no sé cómo, ni dónde...sin que me veas.Imaginá que soy la bocanada de aire que oxigena los pulmones del atleta que cansado sube por la pendiente. Que no quiero tener protagonismos falsos, sino solo ser aliento suficiente, aire suficiente, para que continúes, tu solo.

Cuando notes que el césped y el sauce se mueve levemente, imaginá que vago por ahí, etéreo. Buscando no sé qué, no sé a quién, cómo, ni dónde.
Imaginá que soy un soplido inaudible que se deja licuar por las aspas de torres eólicas. Que recorro cien hebras de cabello. Que hago levitar piscuchas. Que me surcan mil golondrinas. Que me muevo con las dunas. Que impulso las velas de mi propio barquito a no sé qué, no sé cómo, ni dónde.
Imaginá que soy un soplido.

martes 31 de marzo de 2009

Yuuu Juuu?

Lo que el viento se llevó

jueves 26 de febrero de 2009

Miss Cactus



Gabriela Mistral estaba convencida de que la tierra era un lugar hostil. Un lugar espinoso, que nos pincha, desinfla, cicatriza...y nos transforma en lo que somos.

Cuando Mistral ganó el Nobel de literatura, en 1945, mencionó que una mala profesora la obligó a ser lo que era. Ella recordó que de niña tenía que ir a la escuela, sin llevar lonchera, sino pobrezas. Era una niña taciturna y sin amigas. Su recreo era ver y respirar la agreste belleza del norte de Chile.

Un día, sus compañeras inventaron que Gabriela había robado unos cuadernos y la lapidaron. Un día después, regresó a la escuela, golpeada, y fue la maestra quien le gritó frente a todos:
-Ladrona, ladrona, ladrona, ladrona...

Mistral le impresionó mucho aquello. Lloró y lloró. Nunca más regresó a esa escuela. Su hermana, que era profesora también, la educó en casa. Mistral comentaba que desde ese momento quiso ser maestra y hacer la diferencia. Entendió que la pedagogía era fundamental para el desarrollo de un pueblo. Entonces, de un pinchazo, Mistral se hizo maestra, literata y Nobel.

A mi tampoco me gustó mucho la escuela. Pero no tuve la opción de estudiar en casa. !Dios me guarde, con mis papás! Recuerdo que cuando estudié en Guatemala la maestra de literatura española, Miss Liliana (Miss Cactus) me odiaba. Y no exagero al afirmar eso. No sé si me odiaba porque era salvadoreño o porque vio algo más en mí. Me llamaba "el guanaco", "el que vino de allá" y no Carlos.


Recuerdo que un 15 de septiembre nos sacaron al patio de recreo y el himno guatemalteco empezó a sonar por los parlantes. Yo sabía que no era el mío, y supuse que no debía poner mi mano sobre el corazón (los evangélicos no se persignan, pensé, y nadie les dice nada). Y me quedé de pie, firme por respeto, murmurando "Guatemala feliz...que tus aras no profane jamás el verdugo..."

Miss Cactus me buscó con la vista. Hizo detener la música marcial. Yo sentí que detuvo a Guatemala entera por mi culpa. Apretó mi mano derecha y me la restrego sobre el corazón y me dijo al oído.

-No sea irreverente muchachito, aquí no está en su país. !Respete a Guatemala!

Respiré hondo. Vi fijo las tres franjas verticales de la bandera chapina, me uní al himno y a la vez me repetía: no llores, no llores, no llores. Y no lloré, sino hasta que llegué a casa. Más calmado le conté algo a mi papá. Pero él pareció no poner mucho interés. Supongo que mi papá estaba poniéndome al ruedo. Tenía que ser fuerte y ver cómo me las arreglaba. Él no estaba para defenderme de mis adversidades. De hecho él ha sido bastante adverso conmigo.


Una mañana Miss Cactus habló sobre Lope de Vega, del Siglo de Oro Español... toda la clase empezó a dormirse o hablar de la siguiente clase. Menos yo, que no quería ningún problema con ella. Ella le dio un puñetazo al pizarrón. Y me pidió salir de clases. Y entregar un trabajo "exaula" porque yo era "salvadoreño agitador", un subversivo.


- ¡Chávez, para afuera! Se me queda ahí una semana.


Busqué la puerta, ella y un montón de gritos solidarios me acompañaron, al llegar al umbral quise dar un portazo, pero ella sujetó la puerta. Y forcejeamos como 3 minutos. Ella jalaba la puerta y yo del otro lado.


Terminé en la dirección. Miss Cactus no terminaba de explicar que yo era un malcriado, guerrillero, rufián... la directora me daba la razón, me pedía que entendiera que "ella no tenía esposo", yo en esa virginal época no entendía eso.


Mi papá estuvo ahí, pero fue todo silencios. No dijo nada. Me suspendieron dos días. A la Miss Cactus la despidieron o no sé si decidió renunciar. Recuerdo que preferí caminar a casa, decepcionado. Mi papá me seguía en su carro, un Opel color verde, yo le decía:


-¡Andate! ¡Para vos, el malo soy yo! ¡Seguí!

- ?Y para dónde vas? -me preguntaba él-

-¡Que te importa!


Y el carro de mi papá se perdió en un mar de carros y calles. Me quedé solo, con mi bolsón y lágrimas. Media hora después llegué al único lugar donde podían recibirme en un país extranjero: mi casa. Aprendí a no ser soberbio, sino sensato.


La principal lección que me dejó Miss Cactus fue entender que la tierra es un lugar hostil, como bien explicaba Mistral. El dolor tiene muchos rostros. Cactus me obligó a huir de la injusticia, y no acallarla tampoco. Encontré otros amigos. Me di duro con un par de majes, y los cachimbié. Nadie más me dijo guanaco. Hasta puse en su lugar a una monja hondureña, Elsy, que me decía que la razón por la que no entendía sus aburridos términos teológicos era porque era "salvadoreño".


- ¿Y usted que no da la clases de valores morales y religión? De verdad: Qué Dios la ayude y la perdone. Nada más irónico que una monja racista (ella era morena). Le voy a traer unas Atalayas para que se instruya...

-¡Malcriadazo! Lo voy a llevar a la dirección.

-Hágalo, que ya me estoy acostumbrando...


miércoles 11 de febrero de 2009

Tenedor y Cuchillo.

La mesa está servida. Tenedor a la izquierda. Cuchillo a la derecha, detrás del plato. No se pueden ver. Pero poco después se conocen. Cuando ambos cortan un tasajo de carne. Se ven. Se rozan. Uno sostiene y el otro descuartiza. Los jugos brotan en complicidad. Ahora Cuchillo le dice a Tenedor.
-Carlos, me gustas.
Pero Carlos se queda en silencios. Mira el plato, ya sin el tasajo, vacío.
..
...
..
Es que Carlos está confundido. Se ha acostumbrado a comer solo con tenedor. El amor le suena más bonito en las canciones. De esas letras que reiteran que el amor es una palabra conjugable. Que el amor es solo amar. Tanta palabrería lo tiene preguntándose si tiene vocación para amar. O si la tuvo.
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Carlos me contó que el último cuchillo estaba tan afilado que siempre salía rayado. Pero aún así ambos cortaron muchos tasajos de carne. Almuerzo tras almuerzo. Cena tras cena. Y hasta algunos desayunos. Dice que el cuchillo tenía buen lustre. Tanto, que de noche sentía que brillaba más que el sol. Estaba deslumbrado.
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Una noche, Tenedor se dio cuenta que Cuchillo no era un cuchillo casero, era cuchillo de restorán. Tenedor se negó ser open-minded: No reclamó. No lloró. No dijo nada. Solo alcanzó a fingir que había olvidado algo en el carro. Y se marchó para siempre. Cuchillo lo llamó mucho, quizás solo para cenar. Tenedor tenía su horquilla de púas un poco dobladas. No quiso deteriorarlas más y dice que se bañó en acero. Fucking cuchillo.
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Tenedor hace su balance, tanto amor sirvió para que Cuchillo no lo olvide. Pero Tenedor cree que ya olvidó amar. Cree que prefiere "solo" que "solos".
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Carlos dice que hoy almorzó albóndigas en casa. Como es de esperar: sin cuchillo. Su progenitora lo reprendió.
- Carlos en la mesa se come con tenedor y cuchillo. !Claro, como no sos vos quien los lava!

martes 27 de enero de 2009

Rara Avis



Siempre huyo de la palabra excéntrico. Debe ser porque a veces me siento así, como lo que define cualquier diccionario. Que excéntrico es algo o alguien raro, extravagante o "fuera de lo normal".
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Si dijese que no me han adjetivado así , mentiría. Desde que tenía unos 13 años la gente hacía sus diferencias. "Sos una Rara Avis" fue lo último que oí, hace dos días.
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A veces me pregunto que qué tengo de excéntrico. Siempre pensé que Cyndi Lauper y Salvador Dalí pertenecían a ese exclusivo club. Yo nunca he afectado mi imagen externa con artilugios para causar ese efecto. Me visto normal. Sin pelucas ni bigotes raros. Uso calzón y me cepillo los dientes.
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Entonces la excentricidad la llevo por dentro supongo. En las cosas que hago o digo. No obstante, yo más bien creo que siempre he sido tantito distinto, no excéntrico.
Porque siempre he creído que la excentricidad baila alrededor de la vergüenza. De no sentir vergüenzas. Pero yo soy una persona que siente vergüenza en plural. Siempre he tenido terror a mostrarme desnudo, en la intimidad, con el bombillo encendido. Me avergüenzo de no saber de fútbol. Me avergüenza no entender las misas, para mí siguen en latín. Con frecuencia me siento extranjero en mi propio país, y se me olvida en qué idioma hablo. Y cuando voy en avión busco agarraderos de bus...
Le tengo terror a la desaprobación de mi papá, a estas alturas ya debería al menos ignorarle un poco. Pero no me da vergüenza reconocer todo eso, quizás si soy medio excéntrico. Pero no del todo.
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No soy Cyndi Lauper. No. Ni ex guitarrista de Aerosmith. Aunque admito que hay situaciones que sí me sofocan. Conocer a alguien (egocéntrico, soberbio, católico, narrow-minded o demasiado frívolo) me provoca inmediato hastío. Mi fórmula es distraerme. Parecer como alguien muerto en vida. Mi mente mientras tanto viaja por países que no conozco. Y la persona pierde interés en mí. Fácil. Eso podría interpretarse como excéntrico, creo.
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Siempre me han dicho que hay dos tipos de gente. La palomática (las personas que han hecho algo grandilocuente con su vida) y las que no son palomáticas (la gente promedio). Pero a mí me dan todas igual en el trato. Si soy torpe, igual, el palomático lo notará y lo contrario. Entonces no debo pretender ser alguien. Sino yo. No me apetece causar efectos. Pero eso es interpretado como excentricidad.
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Mi abuela muchas veces me critica. Que porqué no me caso. Que me asoman barrigas y entradas. Que debería pedir aumento. Qué si estudias esto o aquello moriré de hambre. Mi respuesta es dejarle de hablar, con sutilidad. No la visito por semanas. Me desconectó de la gente. No me gustan los reclamos. Y reclamo cuando hay un grado de injusticia grande. Eso es interpretado como excentricidad.
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Si algo tengo de excéntrico es que me deprime la luna llena o me corto el pelo yo solo. Eso me parece hasta a mí medio excéntrico, pero no del todo. O que sienta nostalgia de cosas que no viví. Que duerma siempre con las ventanas abiertas, aunque tenga la peor tos. Que las veces que me he enamorado se puedan contar con una mano y me sobren dedos. Que me guste bañarme a solas, en los ríos. Que no quiera salir de casa por días enteros. Que me vuelvo un ser taciturno sin más interés que observar alrededor. Que coleccione zapatos parecidos...por lo demás no soy un rara avis.

viernes 2 de enero de 2009

Botellas vacías

El año nuevo lo recibí en la autopista sur. Solo. Mi carro era el único que la recorría de oriente a occidente. En la radio decían que eran las 12 y la ciudad se bañaba en confetis de fuego. Parecía reir y llorar. Luego, y como reflejo de lo anterior, a mi mamá se le escurrieron las lágrimas y las risas, con los muchos abrazos y los efectos de dos vasos de Baileys: "tenes que hacer esto y lo otro", me decía, luego bailamos la cumbia sampuesana y la "Pipiripau". Más risas, comida y vodka.
Tras el abrazo a toda mi familia, me fui a otra fiesta, con Silvia. Allí oí mil cosas sobre sexo, algunas que no sabía, y que con alcohol en la sangre suenan a envidiables proezas. Regresé a casa a las 6 de la mañana, medio bolo, muy cansado.
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Para los que estaban dormidos: el amanecer del 1 de enero fue el más bonito del mundo. Claro e iridiscente. Pero me resultó sobrecogedor regresar a casa, ver la cocina llena de platos, comida, botellas vacías, ron, vodka, vino, pan, cigarros...ya no estaba bailando nadie, ya no estaba mi mamá, ni mis tíos. No habían carcajadas. Eran solo los escombros del 2008.
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No he tenido tiempo de pensar que dejo 2008. No lo haré. Estoy aburrido de ver para atrás. Vi la sala de mi casa, mientras subía las escaleras -en busca de mi cama- vi luz solar entrar por las ventanas. Me pareció más bonito ver todo aquello y me dormí. Desperté hacia las 2, con sed.

viernes 12 de diciembre de 2008

¿Dónde está mi hija?

Ayer volví a soñar lo mismo.
¿Dónde está mi hija?, le gritaba a una muchedumbre, entre ellos mi militarezco papá. Todos me respondían al unísono: "Te la quitamos porque vos no podes con ella, queres que solo dibuje y ande jugando, que no estudie nunca. No podes, Carlos, no podes".
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Yo me esforzaba en explicarles que la tenía matricula en el Externado, pero que las clases aún no empezaban. Que la dejaba pintar mucho porque quería que se expresara mejor, y que a la vez fuera distinta a todos. Que fuera una buena persona. Que yo la quería mucho y que la dejaba jugar porque hasta de la calle se aprende. Que yo mismo me iba a rebajar al ridículo para que ella se riera de mí. Que supiera agradecer las cosas. Que la quiero criar escuchando a los Beatles y a Keane. Que me vea escribir sobre iglesias y sobre El Salvador.
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Que le iba a enseñar a sembrar arboles, como mi abuela me enseñó a mí. Que iba a fingir leerle un libro de Isabel Allende, pero que en realidad la historia me la iba inventar yo. Que iba a trabajar muchísimo para ella y para mí. Que mi maestría sería ella. Pero todos me observaban como a un loco y yo me empezaba a enojar, a tirar cosas, platos a la pared, a putiar, a llorar. Entonces desperté, triste. Porque la niña no está. Nunca ha estado.

Otro día soñé que estaba en la Despensa de don Juan. Y fui directo al cajero y solo tenía $20 de saldo. Y se me hizo un nudo el estómago y el corazón, porque había un niño jalándome del cincho y me decía:
-Papá, no me has comprado el bolsón. Todo se te olvida. !Mañana voy a clases!
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Entonces fuimos al pasillo de útiles escolares. Y vi un bolsón gris, muy sobrio, colgando. El precio: $9. Y yo lo animé: !Qué chivo está éste! !Uno así quisiera!
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Y él puso cara triste. Casi a punto de llorar de la decepción. Dijo que yo no sabía sus gustos, que él quería no sé qué, que parecía tener una caricatura japonesa. Costaba $19.
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El caso es que me saqué el billetío de $20 y se lo compré. Y el benevolente hijo, que se parecía mucho a mí, pero con pelo de rancho, me dijo que me comprara algo con el dólar que sobraba.
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-!Gracias! ! Qué amable sos! !Que Dios te bendiga! -le dije.
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Y nos subimos al carro. Él viendo su bolsón y yo tratando de recordar en qué colegio lo había matriculado y a qué horas lo iría a dejar y traer. Y de dónde putas iba a sacar dinero para que llevara algo dentro de la lonchera.

Quiero ser papá, pero dicen que estoy loco.
Si alguien ha visto a la hija de mis sueños avisenme.
Es chelita, pelo colocho, trompudita como yo, menuda, casi no habla. Y no sé su nombre.

martes 9 de diciembre de 2008

From me to you

Se vino la navidad, y yo me fui de shopping. No les compré las llaves del Cadillac, sino tarjetas de navidad. This is from me to you.
To: Calila.
Merry Christmas to Colombia.
To: Silvia Henríquez. -Presente-
Quería desearte felices pascuas Nana. Como te gustan las cosas antiguas, pensé que esta era la más adecuada. Creo que a Elena Salamanca también le va a gustar, porque tiene influencia art nouveau. Pero, vos enfocate en comer más chumpe.

To: Steff
Happy Holidays!!! Espero que no bebas tanto. Que intercales a Tiesto con algún villancico. Y que podamos ir al gym todo el 2009 estar siempre chivos. ¿Recordad que hace 3 meses prometimos estar cuerazos en diciembre? Viste que sí se pudo. Viste puee...

To: Erick Estrada.
Hace ya tus encuestas 2009, pero celebra la navidad del 2008. !Felicidades!


Don Fonchito:
!Qué Dios lo bendiga! Que Tata Dios le traiga más salud y sapiencia.

To: Kike
El gym. !!!Felicidades!!!


To: Leticia
Como sos bien conservadora. Ortodoxa. Católica. Apostólica. Romana y rumana. Pues te conseguí esta tarjeta. Ojalá tus temas de sexo y turismo sigan siendo tan polémicos. Best wishes and happy birthday.
To: Nadie
Vi esta imagen y me gustó. Jamás he visto a un tamal de esa manera. Espero que si no comes uno en Navidad, al menos la pases bien chenguere reventando cohetes.
To: Elena Salamanca.
Como sos medio feminista y art déco te busqué esta tarjeta, allí, en el parque San José. Espero que pases bien chivo esta época de adviento, pastorelas y ponches que no podes beber.
To: Séptimo Sentido.

Santa Claus siempre se ha olvidado de llevar obsequios a muchos nicaraguenses y salvadoreños. En la fotografía, tomada en Managua hace 30 años, Santa fue pillado pidiendo pisto. Ironías.
Fuera de esto, felicidades a todos!!!!


To: Laura, alias La Bótica

El potasio es bueno en Navidad. Así podes aguantar desvelos y recuperar energías tras bailar la cumbia sampuesana. Merri krixmax


To: Niña Reina ex de Álvarez.
!!!!Qué gane la Mila Navas!!!

Esta es para mí. !Bien Los Ángeles, California esto!. Por si lo lee la U.S. Embassy: i need the american visa. I would like to travel to L.A. in order to enhance my english. Cause I´m really ill prepared. By the way, i would like to send one greeting to my aunt Adita in Houston, Texas!!!

Esta tarjeta es para los que no mencioné, pero que igual tienen su tarjeta en mi corazón. O sea a todos. A mi no me cae mal nadie, ni el Nadie.
!!!Felices fiestas!!! Chupen. Bailen. Degradense. Y que la virgen de Medjugorje me los acompañe.

miércoles 3 de diciembre de 2008

Psicología clásica. Tomo 1.

La psicología moderna explica que cada cosa con su nombre, y cada nombre con su imagen. Sin embargo, pienso que el software de mi cerebro es antiguo. Un software clásico, uno de edición limitada, versión que nadie quiso, ni quiere.

Brian Weiss, el psicoanalista que cree en la reencarnación, me diría que vivo atado al pasado, a otra vida. Sin embargo, lo que creo es que soy un tipo inadaptado a la realidad actual, fijado al pasado.

Por ejemplo. Si escucho la palabra "Republicana", aparece esta imagen en la pantalla de plasma de mi cerebro.

Sí. Es el general Francisco Morazán (1772-1842). Este señor lo que quería era que Centro América fuera una sola, una sola república. Republicana.



Si escucho "Iglesia del Rosario" ...
... Veo la antigua catedral, colonial, de San Salvador. En lugar del mostrancón de cemento, que es la iglesia del Rosario actual, debería estar esta imagen.
Si alguien dice Hijo de puta...
...Veo al Chele Medrano. Él fue director de la Guardia Nacional entre 1946 y 1954. No lo conocí, pero por lo que he leído no me cuesta creer que asesinó a mucha gente que era considerada comunista o antimilitarista. El muy hijo de puta le sacaba los sesos a la gente y luego se iba en su Harley Davidson.

Cuando alguien dice "cruzar el mar"...
...de las aguas de mi cerebro saltan bestias horripilantes. Chuchos marinos jamás vistos. Demonios inventados que me impedirían llegar a puerto. No logro descubrir que el mundo es redondo aún.

Cuando escucho España...
...Veo a García Lorca. He leído más su biografía que sus poemas. Pero para mí, España es Lorca.

La palabra Isla...
...me lleva hasta la isla de Pascua. Y si yo fuera una isla, sería esto. Lejos y conectado a todos. Monolítico. Siempre viendo para el mismo lado, al pasado.


La palabra costumbrismo...
... Consigue que vea este paisaje, tipo Editorial Tazumal. Chovinismo puro.

Si alguien menciona Claudia Lars...
...Veo la misma foto. Claudia Lars era de Armenia, desde allí debió ver el mismo cuadro. Claudia Lars es costumbrismo. Más chovinismo.

Las frutas...
...las veo grabadas. Coloreadas con acuarelas. Al estilo de los botánicos de antes.


El único rascacielos para mí...
...Es la torre Chrysler de Nueva York (terminada en 1929). Es Art Déco. Tiene gárgolas incrustadas. Es una clásica de acero. Brilla.


Cuando alguien menciona Alemania...
...No veo a Hitler. Ni a Goethe. Ni a Lutero. Veo el Castillo de Neuschwanstein. Un alemán enloquecido lo mandó a construir, en Baviera, en 1866.

Estados Unidos...
...Al menos para mí, USA es uno de sus afiches post-segunda guerra mundial: We can do everything.


Colombia...
... No veo a la Betancourt. Ni a Márquez. Tampoco a Shakira. Sigo viendo a María y Efraín, los personajes del escritor Jorge Isaacs (1837-1895).


Traje de noche...
...En mi cerebro la imagen que aparece es el traje de volcaneña.

Cuando escucho "llorona", "sufriente" o "dolor"...
...Veo a la virgen de los siete puñales. Una de las estatuas que salen en Semana Santa. Supongo que desde niño me impresionó su aspecto, tipo Victoria Ruffo.

Pop...

No es N´Sync. Ni Timbiriche. Veo esto.

martes 25 de noviembre de 2008

Mis noches boreales

Mis noches son boreales.
A las 3 a.m. aún hay luz sobre mi cama.
No consigo dormir. No consigo dejar de pensar. Es casi seguro que pienso más de lo que hago.
En medio de la oscuridad total de mi habitación, enciendo mi lámpara. Una que se suspende al norte de mi cama. Entonces las noches se vuelven boreales. Con esa luz de 160 Watts siempre repito las mismas cosas. Saco libros o fotocopias. O me unto algo en la cara para las espinillas. Suelo tomar Pepsi. O quedarme solo en calzoncillo y un suéter. O fumar.
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A veces recuerdo que tenemos luna, pero quizás se esconde sobre el tejado, porque nunca la veo desde la ventana. Quizás se esconde de mí. De mis absurdas angustias.
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Ayer. Durante mi última noche boreal, leí una crónica sobre Frank Sinatra y luego una entrevista a Isabel Allende. Ambos personajes me parecieron anodinos. Dos seres humanos más. Entonces apagué otra de mis noches boreales. Sentí deliciosa la oscuridad. Sentirme humano. Agotado. Seguro de que dormido encontraría solución a mis angustias, a mis noches boreales.

domingo 23 de noviembre de 2008

Destinos

¿Existe el destino?
Hoy ando esotérico. Eso a pesar que siempre he creído poco en horóscopos y en que cada ser humano tiene su rol en este universo de estrellas solitarias y galaxias. ¿El destino es destino? o ¿Es cuestión de karma, la ley de causa y efecto?
El miércoles conocí, por primera vez, a Matilde Elena López, la famosa escritora salvadoreña de la generación del 44. Tiene 87 años de edad, pero no lo recuerda ya. Las ideas se le escabullen como ratones asustados.
Ese día me repitió lo mismo, una y otra vez:
-La vida es más grande que el destino ¿Le gusta esa frase verdad?
-Sí, mucho.
-Pues es genuina de Matilde Elena López. Yo lo estaba esperando joven.
-Para qué
-Para que escriba de mí.
Yo me quedé helado por su respuesta. Porque recién había llegado a su casa, sin previo aviso, sin previa presentación. Sin gafete. Yo asentí que era periodista y a los dos segundos se le olvidó. Y me siguió martillando con aquello del destino.
Hace unos post atrás escribí sobre la olla de Guatajiagua: Revuelo de olla. El caso es que yo viajé un sábado a Guatajiagua a repotear sobre el tlameme. Tenía una conjuntivitis de perro en el ojo derecho. Aún así me alejé de la casa del tlameme y me fui caminando por el pueblo. Mientras camiba vi una calle adoquinada que subía una cuesta. Estaba desolada y con grafiti de maras. Pero me atreví a subirla, sin razón alguna. Allí conocí a la señora que me dio la olla.
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El caso es que apunté su nombre en mi libreta. Luego la libreta la perdí en el pueblo. La busqué por todos lados. Y así me regresé a San Salvador. Perdí el nombre de la señora y perdí mucha otra información. A la hora de escribir sobre barro negro, en la redacción, recordé que cuando era niño recortaba periódicos. Que había escrito algo que leí en La Prensa hace años atrás sobre Guatajiagua. Consulté mis recortes y la información que apunté era muy básica. Despegué los recortes para ver fechas y consultar en la hemeroteca de La Prensa el artículo original.
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El caso es que no encontré fechas. Pero detrás del recorte que ven arriba había un teléfono de 5 dígitos. Averigué en Internet que El Salvador cambió de 5 a 6 dígitos en 1993. Me fui a la hemeroteca de La Prensa, los periódicos se guardan en libros empastados clasificados por meses. Cuando llegué le dije al joven ahí que quería revisar periódicos de 1993. Pero en su escritorio había un tomo correspondiente a mayo. Le dije que iba a revisar ese. ¿Destino o casualidad? Dos minutos después encontré allí el artículo completo, fechado el 16 de mayo de 1993, pero el texto era básico, básico. No encontré información nueva. Con desdén leí los pie de foto. Y en la foto de arriba leí "La señora Sebastiana Hernández al momento de alisar una vasija".
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En ese momento recordé a la señora que me dio la olla. La recordé pronunciado ese nombre. En la foto de 1993, obvio, lucía más joven y delgada. Pero era ella. En la foto está sentada en la misma banca donde yo la entrevisté (Arriba del paredón pasa la calle adoquinada). Y lo que más me impactó fue que la señora me dijo que "De estas ollas ya no se hacen en el pueblo, porque son muy grandes y cuesta hacerla, esta que le doy está vieja, tendrá unos 20 ó 30 años".
O sea que desde 1993 la olla me estaba esperando. En su casa no hay más así.
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Su nombre es Sebastiana Hernández. Y cuando tenía 12 años le puse pies a su foto: "Diestra artesana de Guatajiagua". La he tenido recortada en una hoja de papel bond desde 1993.

Pero lo de la olla no ha sido lo único. Cuando mi familia emigró a Guatemala, y yo recién desempacaba, en una caja encontré una antigua tarea de colegio: "cómo membretar correspondencia". En el sobre internacional había inventado una dirección algo así:
"Colonia Mariscal, calle 23, zona 11, #411, ciudad de Guatemala".
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El caso es que esa dirección era de una casa que estaba a dos cuadras de la oficina de mi papá. Mi familia se quedó muy sorprendida también. Luego, allí en Guatemala, mi mejor amigo cumplía años el mismo día que yo: 7 de octubre. Y la mejor amiga de mi hermana, el mismo día también: 6 de abril.
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Este año, un mes antes de mis vacaciones de año, yo me iba para Cancún. Había una oferta de vuelo ida y vuelta a $260, pero pasando por el D.F. Yo siempre estaba apunto de comprar el boleto. Pero luego se me quitaban las ganas. La señorita de la agencia de viajes me dijo que por $460 tenía derecho a 3 días de hotel, comidas, discoteca y vuelo. Toda una oferta. Pero aún así no quise. No me latió.
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Este blog es testigo de que no invento nada. En los primeros post hablo sobre "sueños recurrentes" y allí escribo sobre cómo sueño que camino por una ciudad colonial que yo creo que es Ecuador o Colombia. Ese meses soné mucho con casas coloniales sobrias, calles angostas que nunca vi en Guatemala o México.
De pronto en el periódico vi que ir a República Dominicana era viable. Y me fui para allá, casi sin pensarlo. Cuando empecé a caminar por el centro de Santo Domingo recordé el sueño. Mi sueño no era Cancún, no era Boyacá, ni Guayaquil, era Santo Domingo. Sentí como un deja vu. Me zambullí en mis propios sueños. Cuando regrese ya no soñé más con casas coloniales.
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Quiero terminar con algo que me hace llorar. Y no sé si es el destino o es casualidad. Mi querida abuela María. Mujer de inteligencia superlativa. Tres meses antes morir, de cáncer, me regaló unas semillas. Yo le pregunté de qué eran. "Vos sémbralas y vas a ver qué bonitas son, me contas de qué color te salen", me dijo. Hasta el día de su muerte me gustaban las plantas, y yo hice lo que ella me pidió al pie de letra. Vi cómo la planta crecía día a día en mi jardín. Era una escuálida plantita que tenía hojas como de mariguana y me afligí por eso. Tres meses después la planta empezó a exhibir unos enormes capullos como forrados en gamuza. Yo calculé que un día después le contaría a mi abuela de qué color era, por fin.
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Esa noche, como a las dos de la madrugada sonó el timbre de la casa. Alguien dijo que mi abuela se había ido ya, para siempre. Entonces corrí hasta su cama y me quedé con ella hasta que el sol salió. Hasta que se llevaron su cuerpo a la funeraria, entonces, regresé a mi casa a vestirme de luto. En la sala sentí un sopló de viento y vi entre la ventana que la planta de Mariguana se asomaba. En la punta tenía una enorme flor. Una flor amarilla con un intenso centro rojo. Entonces lloré. Porque no le pude contar a mi abuela de qué color era. Que la flor era más bonita de lo que pensé.
No sé si es el destino. Yo creo que es realismo mágico. Literal. La vida está lleno de eso. Yo de momento me aferro a lo que dice Matilde Elena: La vida es más grande que el destino.

jueves 20 de noviembre de 2008

Veredas de cuatro carriles

En los últimos días no he podido ocultar mi estrés. Me he sentido un autómata. Un limón. Una veleta. Una cebolla llorona. Empleado de maquila. Dique de río. Hijo malcriado. El volcán Pacaya. Mozambique y Haití . Wall Street. Un palestino apunto de inmolarse. Un etarra. Un inmigrante en potencia. Un semáforo siempre en rojo.

Elena me preguntó ayer si ya salí de la crisis. Dije sí. ¡Fiuff!

Siendo sincero, ya estoy mejor. En medio de mis enojos he pensado mucho en Cojutepeque. Y me refresca la idea. Todas las noches veo, en mi mente, a ese pueblo que todo mundo dice que es ciudad. Y que resulta más conocido por su cerro que por su mismísima gente.

Nada de cerros de estrés. Casi todas las noches él teléfono me une a Cojutepeque. Y lo confieso, me siento entendido y un poco horny. Detrás del auricular alguien -menor que yo- afirma que yo soy dos cosas extremas: un bebé y un adulto. Yo digo lo mismo de la contra parte. Me gusta la seriedad envuelta en pañales de informalidad y guapeza.

Lo grave del asunto es que ya han pasado muchas llamadas de media noche. Prolongadas. Y solo una platica de faz a faz. Lo irónico es que la contra parte pasa más de 12 horas estudiando en San Salvador y yo 24 horas respirando en el mismo lugar. La contra parte dice que puedo ir a Cojute, que son solo 38 kilómetros de autopista. Pero yo siempre estimo que son veredas de cuatro carriles. Que estamos distanciados. Que si voy, llegaré tarde allá y acá. Que me puede llegar a gustar Cojutepeque. Y que me da miedo conocerte más.
Paquito Palaviccini me diría: ¡Adentro Cojutepeque!

miércoles 19 de noviembre de 2008

El malcriado

Soy un hijo malcriado. De esos que mi mamá ve en sus tvnovelas.
Siempre he pensado que mi mamá es bastante fría. Es como si fuera inglesa y no salvadoreña. Sus abrazos y besos siempre han sido esporádicos, "Así me criaron a mí" se explica así misma.
Ella no es un ogro. Es solo una mujer sencilla. Conservadora. Mi mamá es lectora fiel de Dios. Ella solo lee la Biblia. Y muy de vez en cuando lee a Carlos Chávez, su hijo. Cuando lo hace siempre me dice "Está bonito, se entiende, solo falta que te la creas", me anima. Yo sé que esas 10 palabras le costaron mucho pronunciarlas y por eso las valoro más. Pero luego trato de mimetizarme con ella, y la veo con frialdad, casi con desdén, como si solo hubiese escuchado al viento resoplar.
Ayer llegué a las 7 a casa. Ella estaba viendo a hijos malcriados en televisión. Desde un lejano sofá me preguntó un qué tal. Dije bien. Me serví algo de comer y me senté junto a ella. Luego me regañó, no recuerdo el porqué...y le dije
-Estoy tan casado de tus quejas. Me cansas de verdad...Si yo soy frío es porque lo aprendí de vos...a veces quisiera no verte.
Mi mamá continuó con sus ojos claros fijos en la televisión. De pronto le brotaron lágrimas con rímel.
- ¿Mamá?
- No me hables más Carlos. Yo soy la mala. -Mi mamá se levantó de la sala y me dejó viendo su tvnovela: una hija malcriada que se casa y la mamá aún así, está ahí, acompañándola.
Se me olvida que estoy o muy viejo o muy joven para criticarla. Que mi papel de hijo se limita a dar gracias, y lo demás debe callarse o ser escrito. Se me olvidó fácil que mi mamá a principios de la década de 1980 estudiaba periodismo y que dejó de hacerlo no por la guerra, sino por mí. Cuando terminé en la UCA lo que ella empezó, ella lloró también. Me explicó que no lloró por ella, sino por mí.
Debo entender que mi mamá es mi mamá. No obtendré abrazos continuos, pero sí su apoyo en palabras y hechos. Si alguna vez llego a casarme, seré el hijo malcriado, y estoy seguro mi mamá estará ahí sentada. Seguro de que me quiere.

-Perdón Mamá.

martes 11 de noviembre de 2008

The wonder cheros


Ya no somos cheros como hace años. Ya no. Recién me he dado cuenta que Max Sánchez fue el mejor amigo de mi infancia. Él era el gordo y yo el flaco. Los dos eramos cheles, aunque Max era más bien rojo y salpicado de pecas.

En los primero años de colegio, en el Externado, eramos uña y mugre. Más que un efímero compañero de clases, era un eterno compañero de recreos. Para ambos, todos los adultos (sobretodo la maestra Paulina) eran unos "pedorros"; nuestros juegos eran hacerle cosquillas a los pies de la virgen María -una estatua de mármol que nunca sonrió, siempre estuvo triste-; y la máxima diversión era bajar a nalgazos una ladera engramada que nosotros bautizamos como "Monte Fuchi-Nalgas", en alusión al Monte Fuji japonés, que salía en Mazinger-Z, una caricatura de la TV.

Max y yo fundamos una de las primeras maras del país. Eramos la pionera Mara Cuyá, o la Mara Enyi (enyinada). En nuestra mara cabía el chino Xiú (ahora ya casado), Manzur ( hijo de un boxeador, pero ahora vive en Canadá) y Mario (Mario sí, él forma parte de una clica hoy en día). Todos nos hicimos pipí más de una vez en clases, porque hasta para eso había semáforo. Nos subíamos a las pirámides de la capilla. Jugábamos entre las ruinas que dejó el terremoto de 1986. Después de jugar con lodo nos revisábamos la lonchera metálica, para ver qué podía ser guebiado o qué criticado. Max era la burla, él llevaba panes con plátano frito, frijoles, huevo picado y jalea. Y siempre se le rebalsaba el termo. Le tocaba comprar con una peseta: un quesito, una bolsa de mango y un fresco de tamarindo.

Pero lejos del fresco de tamarindo, creo que los profesores me llamaron más la atención a mí que a Max. Yo solo pasaba en la dirección o sentado frente al pizarrón de yeso, porque comentaba en clases lo que veía en el "Show de Cristina", y se me acusaba de agitador. Max me apoyaba con la mirada, desde un lejano pupitre. Era solidario.

Una vez, la maestra Paulina se encachimbó tanto que nos sacó de clases a los dos. Con todo y pupitres. Nos llevó a la mitad de la enorme cancha de fútbol y nos pidió repetir 150 veces: "No debo hablar en clases, ni mentir", veíamos rosado el cuaderno por el refulgor y la verguenza. Tras corniados apaleados: teníamos que correr diez vueltas a la cancha. Eso todavía me sabe a duro castigo.


Hace poco, en el fatídico gimnasio al que voy, me encontré a la mamá de Max, Lilian. Ella me saludó, muy efusiva. Teníamos más de 16 años de no vernos, desde que la familia Sánchez emigró a Canadá y luego mi familia, la Chávez, hizo lo mismo, pero a Guatemala.

Yo sabía que los Sánchez vivían otra vez en El Salvador desde hace 10 años. De hecho, viven cerca de mi casa. Pero Lilian me actualizó. Me contó que Max es todo un ingeniero civil, graduado de la UCA. Que tiene un buen empleo. Y que hoy vive casado y aparte.

-Wow, yo no he hecho eso aún. Creo que me dejó el tren.
-Carlos qué bueno verlo, Usted me recuerda otros tiempos. Salúdeme a su hermana, a su mamá...

Yo no le dije lo mismo a Lilian. Entiendo que todo tiene caducidad, incluso aquella amistad. Pero en el fondo, ver a la mamá de Max, sí, me recordó otros tiempos. Vi el Monte Fuchi Nalgas una vez más. Vi la complicidad de dos sonrisas ingenuas. Y me dio nostalgia. Vi otro tiempo en el cual prescindía de usar desodorante-antitranspirante; donde la palabra "sexo" me causaba solo risa y asombro; y donde con muy pocas cosas era muy feliz.

Circa 1992

Nota: Fui compañero de estrellas de cine: Súchit Chávez. Un grado más abajo estaba César Castro Fagoaga, y mi hermana. Y dos grados más abajo, Eduardo Chang (que a su vez viajaba en el mismo microbus VolksWagen, donde iba Max, mi hermana y yo).

martes 4 de noviembre de 2008

Está vivo

Hace dos días recordé que tenía blog. El día de Los Santos Difuntos me hizo recordar que este blog está casi muerto y enterrado. Y yo le tengo miedo a la muerte. No por el dolor que significaría morir, sino porque aún no he vivido algo que no sé qué es. No quiero que muera este blog tampoco.

Así que hoy voy a enflorarlo con lo que vi el domingo en los "Jardines del Recuerdo"...

-Primero: fui al cementerio obligado. Porque tenía que trabajar y entrevistar al presidente Saca, que a su vez iba a enflorar a sus progenitores.
-Segundo: tenía años de no pisar ese cementerio, en el mismo donde se pulverizaron, hace ya años, tres de mis ancestros: dos abuelos y un bisabuelo.

Estaba frío para ser medio día. Un día iluminado de manera especial. Con esa luz de fin de año tan característica. Diáfana y medio naranja. Busqué mi sangre en ese inmenso campo santo. Sin flores más que una grabadora Sony y un cigarro.

Pero no encontré a Carlos Chávez, mi abuelo. Lo busqué entre las estatuas -de mal gusto- que inundan el cementerio. Lo busqué entre flores plásticas y pedazos de hojuelas con panela.

Y encontré a mi abuelo. Lo encontré debajo de la Orquesta Marimbas de Juayúa. No sé si mi abuela estuviera enojado de eso. O tal vez contento de que toquen marimba sobre él. A mi me dio ganas de morir. Qué insulto. En fin, ya muerto, uno ni cuenta se da.

Luego busqué a mi abuelo materno, pero no lo encontré. Mi bisabuelo, peor. De todos modos no los iba a encontrar vivos. Fue más fácil encontrar a Tony Saca, y me pareció buena gente, al menos esa fue mi impresión. Eso sí, se depila el entrecejo. Mientras le hice preguntas, habían más de 45 niños, de esos que limpian tumbas por unos centavos observándolo. Todos querían ver a su presidente, detrás de unos guaruras, quizás querían pedirle dejar de limpiar tumbas y tener una vida.

domingo 12 de octubre de 2008

10,000 canciones

La Suerte y La Tortura. La Isla Bonita y Like a virgin. Imagine y Let it be...Son muchas canciones para bebérselas en un solo vaso. Son muchas canciones para cuajar los pantanosos estados de ánimo de los Seres Humanos, quienes buscamos, casi siempre, drenar al silencio con ruido.

Bueno, la cosa es que mi amiga Silvia tiene un Ipod, creo que Nano o Enano. Color verde Apple. Ella dice que le caben miles y miles de canciones. En esa misma proporción, ella pasa de la tristeza al frenesí, en cuestión de canciones. Minutos. Pero Silvia, a diferencia de Carlos, no baila, no le gusta hacer ridículos. Ayer, mientras bajabamos a Suchitoto, ella conectó ese piadoso aparatito al audio del carro y nos pusimos a tararear, a todo volumen, lo que a nuestras vulgares orejitas gustan oir.


A ver, concluyendo, si uno está cachondo, hay que oir piezas como:

1-Slow, de Kylie Minogue. No apta para menores de edad o adultos sin profilácticos a la mano.
2-Dame lo que yo te doy, de Christina Aguilera. Canción de burdel, apeperechada, que incita la promiscuidad. Es pecaminosa, pero me gusta.
3-No pensé enamorarme otra vez, de Gilberto Santa Rosa. Funciona mejor si se canta en un karaoke y se le dedica a alguien. Wuiiiiiiiiiiiiiiii...


Para autoflajelos hay que meterle al Ipod...

1-She has no time, de Keane. Cuando se escucha esta funesta canción dan ganas de probar a qué sabe una bolsa de racumín.
2-Shiver, de Natalie Imbruglia. Al menos a mí me arranca lágrimas desde el minuto 2:19
3-Your embrace, de Shakira. He calculado ya que las lágrimas me brotan en el minuto 2:25 (con los chirridos de una guitarra eléctrica y los violines de Los Miserables)
4-You got a friend, de Carole King (Una vez me mandaron a la mierda, y no supe qué decir o hacer, y cuando oí esta canción -en el carro- me hundí junto con el Titanic, pero me senti mejor después de la llorada).
5-Your song, de Elton John. Es cruel esa canción. Es un latigazo al corazón. Dios bendiga a los británicos con todos sus ritmos melancólicos que tanto me han arrullado.
6-Sorry seems the hardest word, también de Elton. Es devastadora. Bomba sobre Hiroshima.
7-Mojada, de Vilma Palma. Casi otra película de Mel Gibson.
8-Yesterday, The Beatles. Bastante melancólica.
9-Lady, lady, lady, de Joe Esposito. Otro pelón de cara.
10-Te busco, de Celia Cruz. Azúcar amarga.


En el la sección de danzas tribales:

1-Está pegao, de Proyecto Uno. Ya es viejo este merengue-house, pero todavía obra el milagro de hacer sudar y reir.
2-Rapunzel, samba de Daniela Mercury. Los brasileños -como los dominicanos- saben para qué sirve el cuerpo...
3-Hip´s don´t lie, sí, Shakira.
Nota: no me cupo Give it 2 me, Oye como va, Pose, la Cumbia Sampuesana...

Para los enamorados del parque Cuscatlán:

-Somos novios, de Armando Manzanero.
-El 7 de septiembre, y La fuerza del destino, de Mecano.
-Running, de No Doubt.
-Love is in the air!, de Barry Manilow.
-Flowers in the window, de Travis.
-The real thing, de Gwen Stefani.

Canciones para estar bien con todos y con uno mismo:
1-Crush, Jennifer Paige.
2-Dance of the sugar plum fairy, de Tchaikovsky.
3-Amazing, de Aerosmith.
4-Abracadabra, de Steve Miller.
5-The wrong impression, Natalie Imbruglia.
6-I´m like a bird, Nelly Furtado.
7-Súper disco chino, Enrique y Ana.
8-Ain´t no mountain high enough, de Marvin y no me acuerdo el nombre de la chera, Tamy creo.
9-Lady Mermelade, de Patty Labelle.
10-Tears dry on their own, Amy Winehouse.
11-They both reach for the gun, Chicago musical.
12-Shut up, Black Eyed Peas.
13-Perhaps, perhaps, perhaps. De Cake.
14-Coffee & TV, de Blur.
15-1979, de Smashing Pumpkings
16-Don´t you want me baby? de Human League.
17-Bye, Bye, Miss American Pie. Versión de Don McLean.
18-Whoever you are, de Geggy Tah.
19-Viva la vida, Coldplay.
20-Sing, de Travis.
y 21-Someone to call my lover, de Janet Jackson. (está canción sabe mejor con un sorbete)

Son muchas rolas. Demasiadas. No caben en un Ipod, Silvia, menos en este blog, que es sordo-mudo. Pero qué chivo poder poner a Hillary Duff junto a Chopin. Nada y mucho que ver.


Pie de foto. Dúo de músicos y musicólogos vulgaris: Silvia Disco-Show. Amenizamos bautizos, atoladas, verbenas, guachibales, fiestas patronales, fiestas de graduación, alboradas, posadas, pinchamos discos, bailamos belly dancing y algunas piezas de folcklore nacional, las de Paquito Palaviccini. Y todo con un Ipod Nano o enano. No nos alcanza para un Iphone.

lunes 6 de octubre de 2008

The golden years

No me gusta mentir, pero cuando se trata de decir qué edad tengo no me gusta decir cuántos y esa es la verdad. Este día me he puesto más viejo. Mi abuela (R.I.P.) me repetía que era terrible llegar a viejo siendo feo y pendejo. Algo de razón tendría ella. Pero estimo que los años son escuela o universidad (dependiendo de los ojos del alumno), y que en un mundo donde todo mundo quiere pasar por listo es mejor poner cara de maje y disfrutar lo que la vida da. Poco y mucho.
Este día quiero dar gracias por todas las personas que conozco. Porque uno envejece con ellos y los llega a querer tanto como se quiere al país y a la vida. A Julio, A Laura, a Lety, a Kike, a Lily, a David, a Silvia, a Daniel, a Ana, a Bombillo, a Claudia, a Hilda, a Karen, a Gloribel, a Milagro, a María, a Edith, a Elena, a Mariano, Mayra, Hazel, Mati, Nataly, Emilio, Antonio, Roberto Carlos, José, Flor, Patty, Leslie, Gerardo, Olga, Janet, a la Bronx, a Max, a Javier (Alvarenga y el Nadie), a Roberto, a Steff, a Rafael, a Alan, a Paty, a Sandra, a la Maitra...y a muchos que ya no veo, porque tendría que ser el niño del aro para verlos. Gracias.

Buda, Sidarta Gautama, dijo hace más de 2500 años que una de las nobles -y tristes- verdades es envecejecer. Sufrió mucho al darse cuenta que la piel es efímera. A mí ya se me está quitando el dolor a los años, quiero vivir como vivían las televisivas Golden Girls, en los ochentas, ironizando años, comiendo cheese cake y pasándola bien.

No me resta más que desearles una FELIZ NAVIDAD y próspero 2009!!! y que seamos amigos por siempre. Crossroads.


viernes 3 de octubre de 2008

¿Qué se hizo Enrique y Ana?

Hace años que ya no vamos a piñatas y escuchamos a Enrique y Ana. Los del Cocogua, los del baile del hula hoop y del súper disco chino. Dicen que Enrique tiene novio y Ana se perdió en un bosque de la China. Pero como andaba solita, nos encontramos los dos...

Este es un homenaje a ellos. Vamos a interpretar "Súper disco chino".
!Música maestro!


Carlos:
Un glan mago del oliente, kin, kan, kun el adivino me enseño su glan secleto que ela el super disco chino

Elena:
¿Qué es aquello que reluce en lo alto de palillo? ¿es un pajaro, un avion, un satelite, un palillo?

Carlos:
¿Qué es aquello que da vueltas como el aspa de un molino? Es un rollo que es divino, es el super disco chino

Elena y Carlos:
Disco, disco, chino, chino, fino, filipino Disco, disco , disco, disco, chino, chino, chino, chino, fino, fino, fino, filipino...

*La foto la tomó Erick Estrada de LPG Datos, agosto 2008.

miércoles 1 de octubre de 2008

Miradas

Me ve, lo sé, porque veo sus ojos negros, me siguen a donde vaya. Ven qué hago, a dónde voy, pero de lejos. Cautela.
Si yo salgo, sale. Si entra, salgo. Si voy por acá, me sale por allá. Sino es martes, es miércoles.
Pero qué significa que me vea. ¿Es crítica, afinidad o desesperación?
Por qué esquivo miradas.
Por qué no disimula.
Por qué no puedo sostener una pinche mirada a una insistente mirada indiscreta.
Una mirada que ya conozco y que me debilita.
Mi mirada ya la conoce y se fortalece.
Nos conocemos de antes. Lo sé y lo sabe.
Aquella vez no funcionó.
Pero si hoy pasamos la frontera de la mirada y pasamos a la de la verbos, creo que no sabré qué decir. ¿funcionan esas miradas aún hoy?
Me quedo corto de argumentos. Sabe que siempre soy así.
Y yo sé qué dirá. Tampoco tiene muchos argumentos.
Yo me pondré nervioso, lo mismo le sucederá.
Lo mejor es que me siga viendo, hasta que se aburra, y que yo me aburra de que me vea.Hasta que nos aburramos de esto.
Somos dos países distintos y parecidos. Yo sería Méjico, y tras la frontera de las miradas, Colombia.
Si no habla, no hablo. Si no hablo, habla.
Si me ve, que me vea, que hable, que diga lo que quiera.
Lo que no sabe es que mis nos, son sís. Y que prefiero las miradas a los verbos.
Que se canse y que me canse.
Y que mejor veamos otras cosas.

sábado 27 de septiembre de 2008

El tlameme


Ser tlameme es sinónimo de muchas cosas. Muchas. El sábado -en Guatajiagua- lo entendí. Las mujeres hacen la cerámica y los esposos deben cargar 85 libras de barro por 40 kilómetros para venderla. Hay que tomar en cuenta que Guatajiagua está en el valle de San Miguel donde el clima, desde temprano, desea ascender a los 40° C.
Los tlamemes no son jóvenes como yo, sino hombres de 70 años, que calzan caites de caucho, que llevan un garrote para darle en el hocico a los perros bravos. Ellos dicen que solo los acompaña Dios y una sola cebadera, llena de esperanza, sal, 10 tortillas y un pucho de frijoles, para su viaje de dos días.
-¿Cuántas veces han andado, a pie, entre Guatajiagua y Jocoro (más de 42 kilómetros)?
-Iiiiiiiiiii...más de 1,500 veces, joven.
-¿Ya se le ha quebrado toda la loza de una caída?
-Sí, varias veces de un tropezón. Pero qué vamos a hacer. Lo que se quiebra, se quiebra. No se puede llorar por ollas quebradas, sino solo regresar a casa y entender que se malogró el trabajo de una semana.

Una semana soportada por una cincha en la cabeza.
Cuando me puse la cincha sentí opresión en mi cabeza, peso en mi espalda y el riesgo de quebrar el presupuesto de una familia. Ellos, ancianos de voluntad de piedra -no de barro- se rieron de mi experimento, pero a mi no me causó risa. Otra vez me di cuenta el difícil peso de vivir aquí. Y le di gracias a Dios, por conocerlos, por darme cuenta que hay diferentes tipos de tlamemes, pero que sin dudas, ellos, los de Guatajiagua, tienen todos los méritos del mundo y más. Son héroes de sus propias vidas, vidas moldeadas por el barro negro.

viernes 26 de septiembre de 2008

Casa y Estilo

Me gusta pintar. Pero mis pinceles hace ratos que no se bañan en pintura. Mi estilo es primitivista. Nada preciosista y de poco dominio técnico. Siempre he usado acuarelas en pasta, Winsor & Newton, nunca probé el óleo, me dio pereza. Mi papá dice que mis pinturas reflejan misterios y depresiones y para recordármelo las ha enmarcado. Yo sólo le pedía más tubos de color negro y amarillo, porque desde pequeño son los colores que más rápido se me acaban.

Creo que toda la vida he pintado. De pequeño pinté frutas como lo hacen las sexagenarias pintoras Ana María de Martínez y Conchita Kuny Mena. Pinté nances rozando uvas. Uvas seduciendo a mangos. Sandías peladas junto a guineos ennegrecidos. Luego pinté irónicos soles con gafas de sol. Luego volcanes con funestas nubes grises. En el Externado -1992- pintaba, con lapices de color, a San Ignacio de Loyola. En Guatemala, pinté a la Antigua, el Altiplano y sus volcanes. Lo peor es que regalé todo lo que hice en Guate a guatemaltecos, y no tengo nada de esa época. En el 2005 pinté un mural en mi cuarto, una pared entera de cinco metros y mi mamá me quiso censurar: eran Venus desnuda, acompañada de dos mujeres y un chero, sin más ropa que unos listones. Allí me gané el título de: excéntrico, dentro de toda la familia Chávez.


Hace cinco meses mi hermana le paso la brocha a todo el mural. Ahora mi cuarto es su cuarto. Y su cuarto no tiene murales, sino a Pucca.

La pared de arriba -de la casa de mis papás- tiene dos de mis iglesias coloniales: Ruinas de Ostúa, Metapán; y El Pilar de San Vicente. Circa 1996-1998. El rótulo de INRI me lo traje de Santo Domingo de Guzmán, allá estaba tirado en el lodo, junto a varios retablos que se hacen añicos. La pared la pinté de amarillo para que resaltara más e hiciera juego con un mueble lleno de amarillas National Geographics.

En el país la cultura es sinónimo de deyección. Así que me ha tocado como Virgilio por el infierno, recoger almas: En Jicalapa me ofrecieron una araña de cristal de fines del siglo XIX, pero no la tomé -y me arrepiento- porque ya debe estar hecha "wistes". En Nejapa me regalaron lozas de una hacienda de 1630. Y en Guatajiagua, la polémica olla. Yo debería ser el director del MUNA. Sudaría la camisa.

Y este San Miguel Arcángel es lo último que empecé y nunca terminé. Como está difícil que compre un óleo antiguo, mejor hice el mío. Más que ser devoto, me gusta el simbolismo de San Miguel, icono de la justicia. Y para ponerle algo de mí, le dibujé mis propias piernas. Gruesas y cheles. Es mi hijo, hijo del primitivismo-pop.



jueves 25 de septiembre de 2008

Revuelo de olla


La vida me llevó a Guatajiagua. Se pronuncia: Gua-ta-jia-gua. Guatajiagua es un poblezuelo, del departamento de Morazán, más famoso por su cerámica negra que por su pobreza, ocupa el lugar número cuatro en el mapa de pobreza extrema severa. Pero no fui de turista, sino a trabajar.

Dicen que el pick-up que me llevó le tomó 3 horas en arribar hasta el caluroso pueblo. A mi me pareció que fue solo una hora, porque me dormí...

Cuando desperté oí a alguien rumiar "Ve, ya llegamos a Guatajiagua", y logré ver una cruz y dos cántaros ensartados en una fachada y dije:
-Paren. Paren. Paren.
-Se despertó la momia.
-Naaaa. Lo que quiero es ver la iglesia. Ustedes déjenme aquí...

Y me dejaron solo, con una iglesia de 1874, pintada de amarillo y blanco. Obvio: toda es de barro, incluidos sus ocho altares. Salvo uno, un altar de madera, barroco, que acolocha piñas y mazorcas. Yo me sentí como Blanca Nieves en el bosque encantado, en completo éxtasis. El artesonado está compleo aún. Allí dentro, entre las bancas, di giros de 180 grados, luego otros de 360. Parecía un vals.

Bajé las gradas del atrio y me fui caminando por los adoquines del pueblo. Pasé frente a un circo deprimente. Y los guataguajences se asomaron por ventanas y puertas, vi a un sapo saltando en la acera, dos comales tomando sol, y luego escuché:
-Hay viene, escondete.
Dos segundos después, una jauría de perros ensatanados me emboscó. -Siempre he pensado que los chuchos marañoneros no muerden- Pero, uno de ellos me mordió, el jeans, lo amenacé con mi celular, lo vio , aulló, y se fue.

De pronto vi que cuatro mujeres se estaban riendo de mí.
-Ajá de que se están riendo -Les pregunto, sudando ya el mediodía-
-De nada usted. Mejor cómprenos una olla.
-No ando dinero...

...Y gasté una hora hablando con ellas. Las cuatro mujeres forman un matriarcado. Se dedican a un ancestral oficio femenino: la alfarería. Una prepara el barro. Una lo pule. Otra lo pinta. Y la Big-mama les da ordenes. Nos pasamos la hora riendo. Hablando sobre ollas y comales. Sobre gallinas y gallos. Sobre carencias y abundancias. Al final de la platica, Big-Mama sacó de su casa de barro una enorme olla, pero enorme.
-Tome. Es suya. Esta tiene como 20 años, de estas ya no las hacen, son muy grandes y cuesta hacerlas. Pero aguanta para 100 tamales o para cocer un chompipe.

Al final acepté la olla, que debe pesar unas 20-25 libras. Me da pena decir cuánto dinero di, como agradecimiento -pero es que no tenía más-.

Llevar la olla hasta el pick up me costó la burla del pueblo. "Mira a ese chero", dijo alguien. Y Sudé.

Tres horas después, cuando llegue a la casa la olla causó revuelo:

-Qué grande esa babosada. (comentario de mi hermana)
-¿No me digas que vas hacer tamales? (comentario de mi mamá)
-Así eran las que se estilaban antes (mi mamá)
-Carlos estás loco. Qué sigue: traerte las campanas de catedral. (mi papá)
-Solo falta que a la casa le pongas "Museo Carlos Chávez. Bienvenidos" (sarcasmo de mi papá)
-En el jardín se vería bien, con una fabulosa veranera adentro. (mi mamá)
-Carlos esa olla ponela en tu cuarto mejor. O ponétela en el cu$# (mi hermana)
-Aventala (hermana)
-Decile a Carlos que me traiga la ollona, para hacer atol (sarcasmo de mi abuela, por teléfono)

Desde esta noche, la olla duerme conmigo. La olla está cerca de mi cama. En Guatajiagua servía para almacenar maíz, de momento, aquí en Antiguo Cuscatlán, me sirve para poner la ropa sucia. No sé hacer tamales.

miércoles 24 de septiembre de 2008

How to look good naked

El planeta Tierra tiene obesidad. Sus caderas miden 41,000 kilómetros de circunferencia, está gordo si notamos que su estatura es de solo 20,500 kilómetros . Tiene grasa abdominal de tanto ser humano pegado, quienes se esfuerzan en multiplicarse y pesar más que los vegetales, el gas y las piedras. Es una pelota asquerosa, diría Paris Hilton.

Conciente de mi conciencia me meti al gym. Eso fue hace dos días. "Este mundo está gordo y tengo que empezar por mí, por mi grasa. Lucharé por una tierra más ligera. Tengo que lucir bien, incluso desnudo", pensé.

Así que me presenté al gimnasio, con toalla Hilasal y botellita de H2O en mano. Con mirada clínica-cínica, un instructor me examinó las caderas, el culo y la barriga y dijo: "Hay mucho qué trabajar", eso se tradujo, proporcionalmente, en 40 minutos de cardio, 45 de spinning, media hora de pesas de 30 libras; más media hora dentro de una olla vaporosa de presión. Vale verga, reflexioné.

Me jodo de 8:30 a.m. a 6:00 p.m escribiéndole a una computadora y después tengo que joderme tres horas más en un gimnasio donde todos sudan como camellos mientras escuchan "Give it 2 me" de Madonna con cara orgásmica.

Pero no me miento a mí mismo: a las cosas se les juzga más por su forma que por su contenido. Así que pedalié más y más a una bici en un pasillo del segundo piso del gym. En la pantalla de la bici apareció un mapa que me indica que empiezo ascender por los Himalayas. La pedalié tanto que vi el túnel de la muerte y una luz al final. De pronto llega una instructora con las medidas de J.Lo.

-Hola. ¿Puedes sentir aún las pantorrillas?
-Creo que sí -jadeo-.
-Pues estás haciendo mal esto. Tenes que pararte sobre los pedales hasta dejar de sentir las pantorrillas.
-OK.
-Qué Dios te bendiga.
-Claro, este es un Monte Calvario.

En ese momento, mi ex estaba allí, en el piso de abajo, en la escaladora y frente a un espejo, se voltió, y me saludo con insistencia. Yo deseé dos cosas: ser el hombre invisible o haber entrado al gym seis meses antes, con una voluntad herculana. Pero solo alcancé a exhibir ocho dientes superiores, meter la panza, y posar como el Santo, el luchador. Obvio, me quité de ahí y me fui a mal imitar las coreografías de un tipo que baila como Chayanne en un salón anexo. Es la zona gay del gimnasio. Todo mundo baila, suda y aún así platica, rié y pide números de teléfono.

Pero yo casi desmayo. La botellita hace dos horas me la bebí... No sé cómo llegué a la piscina, me quité los tenis y me aventé al agua que parecía sopa de res. La grasa flota. Y yo floto. Yo soy la res de la sopa y eso me alivió el estrés de querer lucir bien incluso desnudo. Entendí mi naturaleza.

-Te veo más delgado, Carlos.
-Gracias, es que vengo con todos los poderes -Dije sonriente a Steffanie, una amiga-.

Lo que no le dije es que quiero lucir bien desnudo. Y poder protagonizar filmes porno. Y que tengo que sacrificarme si quiero ver resultados. Aunque eso de querer lucir bien desnudo debe ser cuestión de actitud, claro un cuerpo trabajado cuenta pero valen también los gestos, las palabras, la inteligencia. Así que me despedí del instructor -que es una bola de músculos, no de sesos- y me largué. Me largué al McDonald's.

-Buenas noches caballero. En qué le puedo servir.
-Deme un combo Big Mc. El uno, sí.
-Lo puede agrandar por $o.65 más...
-Nop. Me puedo engordar.

domingo 21 de septiembre de 2008

El extraño retorno de Carlos Salazar

Sabía que iba a regresar al Blog. Siento cómo que he reencardo del año 1627 al 2008, como Diana Salazar. De la inquisición al capitalismo. Ahora retorno como Carlos Salazar, Reloaded, version 6.9 y de boladas tengo ojos de lagarto... Casi todo este mes he estado envuelto en velos budistas, no he tenido tiempo para blogs, he ido a cuatro sanghas o grupos budistas, he meditado, he aspirado incienso y reflexión tibetana, pero poco me ha calado. Llevo un mes escuchando que los placeres nos ciegan de la evolución de la conciencia y el pensamiento verdadero. Pero yo no paro de pensar en placeres. Placeres de todo tipo: sexo, comida, viajes, películas, libros, música... No evoluciona mi conciencia.
A los placeres los he dividido en tríos. Uno de mis placeres es ver películas, si una me hace reir y llorar merece mi Oscar. Todavía considero que Bajo el sol de Toscana es una gran película. La amo. También amo a "The Nanny diaries" con Scarlett Johansson, y a ese ratoncito y chef francés, Ratatouille. Tres.
Si hablamos de gastronomía, toda mi vida he adorado los peanut M&M´s. Una vez alguien me envió un regalo desde Nueva Jersey, pensé que dentro había algo ostentoso o algo kitch, abrí el paquete, y eran las botonetas de maní -bañadas en chocolate- que tanto me gustan y lloré, me aflojaron el alma. Además me gustan los mangos maduros (de lo mechudos como el fleco de Alf) y la comida italiana. Uno, dos, tres. Sí, tres comidas. Con razón estoy hecho un lechón navideño, solo carbohidratos como.

Continúo con destinos de viaje ¿O vida? San Francisco (Saint Freak Show) tiene ese charm, ese clima, esa vida sosegada, un día tengo que ir o vivir ahí. Luego quiero ir a Addis Abeba, Etiopía; y unos días en Londres. Quiero usar sweater a toda horaaa



Hablamos de arte. Soy alma vieja, pero medio Pop, así que me quedo con Rafael, Roy Lichtenstein y Romeo Galdámez.


Si hablamos de videos musicales, me gusta ese de Natalie Imbruglia, The Wrong Impression, sencillo y medio profundo. Runaway, de Janet Jackson y el de La Tigresa del Oriente.

Si hablamos de música. Yo me quedo con los sonidos tristosos británicos. Keane, obvio. Travis es bueno también y el tercero no sé quién es, no me decido entre Beatles, Cold Play, Blur, Human League... Hay tanta exquisitez en este mundo y eso que no he hablado de otras cosas...
Mejor cuénteme qué le gusta.