viernes, 28 de octubre de 2016

"Fugitivo"

Anoche no cabía una estrella más en el cielo. Y en la tierra, bueno, en la isla, hubo vigilia. Su iglesita se volvió una fiesta. Fueron llegando chicas en minifalda, campesinos encanecidos y hasta unos chicos que integran la comunidad LGBTI local. También llegaron timbales, una cantante y la gente bailó himnos cristianos.

En el atrio, entre ventas de elotes locos y panes con pollo, estaba una señora que me recuerda muchísimo a mi querida abuela Mari. Contengo las ganas de abrazarla. La conocí hace algunas semanas, en la isla vecina, Conchagüita, cuando el alcalde me llevó a una reunión. Allí, se dedica a vender quesadillas. Y a veces viene hasta aquí. 

No sé ni su nombre, pero varias veces me ha propuesto que le revenda sus quesadillas en 
Meanguera, a $1 los dos trocitos. Es muy lista y educada. 

Anoche la reconocí rápido, sentada, cansada, con su guacal vacío sobre su regazo. Mientras se embadurnaba un poco de Vick-Vaporub sobre su frente, me senté junto a ella. 
Tuve la mala idea de preguntarle si tenía mascotas. Me dijo que sí. Le pregunté si tenía nombre. Y con voz quebrada me dijo "Fugitivo". 

Que uno de sus hijos le puso ese nombre. Que no sabe por qué. Y que nunca lo sabrá, porque hace unos cuatros años, justo para las fiestas de Conchagüita, ese hijo amaneció muerto en su hamaca. Un ataque cardíaco lo fulminó. 

Entre lágrimas dice que no para de hacer quesadillas, porque de lo contrario se deprimiría mucho. El queso lo consigue hasta en Santa Rosa de Lima, los huevos y la azúcar en La Unión. Dice que no conoce a ninguna otra mujer que viaje tanto en lancha como ella. Una vez, una tormenta la sorprendió en medio del golfo de Fonseca. El agua entró a la lancha en la que viajaba y para perder peso, echó fuera de borda al queso de sus quesadillas, sus bolsas de azúcar y los huevos. Ahora, dice estar interesada en trabajar y perpetuar el misterio que dejó su hijo al morir: llama con el mismo nombre a su mascota de turno: Fugitivo. 

Ahora mismo yo también podría llamarme Fugitivo.
La quesadillera que me recuerda a mi abuela y cuyo nombre ignoro.

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