jueves, 14 de marzo de 2013

Telepatía

No sé cuántos kilómetros hay entre San Salvador y Madrid, seguramente son más  8.000.  Lily, mi única hermana, está allá, del "otro lado del charco".... Cuando me despedí de ella, hace poco más de un mes, estaba sumamente embarazada de su segundo y último hijo.

Y en la madrugada de ayer, quizá mientras ella estaba en labor de parto (uno que terminó en cesárea), yo estaba enfrascado en algo que no me suele ocurrir, soñar dormido. El sueño fue muy vívido.

Estaba al pie de las escaleras de la casa de Antiguo Cuscatlán. Vi a Lily junto a Daniella. Y junto a Daniella había un niño delgado como de seis años, trigueño, de nariz chata y con el cabello liso pero bien peinado. Lucía tan prolijo,  tan contento, tan distinto a lo que soy yo:  un ramillete de atolondramientos y despistes. Lily y yo lo veíamos enorgullecidos. Cuando el niño se me quedó viendo por unos segundos, me sonrió y le sonreí...  y allí se difuminó la escena... Quiero pensar que el Cosmos o Guillermo, porque así se llama mi nuevo y último sobrino (mi hermana se esterilizó),  me avisó que ya estaba entre nosotros.

La gente no me cree, pero creo que tengo sueños premonitorios. Antes, ya había soñado que yo vendría a España, ya había soñado el nacimiento de Daniella. Y ya había soñado a Guillermo, incluso antes que Lily se embarazara o supiera el sexo de su bebé.

Ayer, cuando me levanté de la cama con el sueño aún claro, corrí las persianas de mi piso. Y a diferencia de los días anteriores, nublados o lluviosos, este estaba precioso. Parecía como sacado de la película de Sound of Music: frío pero soleado, con las montañas de Nevacerrada refulgentes de nieve, vi hasta dos pericos planeando sobre la calle Monforte de Lemos.  De pronto, decidí describir en mi muro de Facebook la buena sensación que me regalaba el día  y justo al conectarme, cuando allá eran  alrededor de las 5 de la madrugada y aquí mediodía, Karla, la cuñada de Lily, me escribía un: "Felicidades tío".

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